MIENTRAS COLGABAS LA ROPA EN EL BACKYARD
- a mí esposa Verena –
( ¶14/08/1958 - 28/07/2021 V)
Ayer
domingo por la tarde, te vi a través de la ventana, en secreto, mientras colgabas
la ropa. Te espié sin que te dieras cuenta que te espiaba. Te espiaba entre
medio de las persianas, con mirada felina de un gato de las 4 de la tarde. Las persianas apenas las dejé
entreabrir para que no me descubrieras. Mirar en secreto es un acto solitario
en donde eres sola para mí en la mirada. Es como estar contigo y no estar a la
vez. Te movías de un lado a otro, sumergida en ti mismo en el ir y venir entre una prenda y otra. Te inclinabas y cogías
poleras, pañuelos, una sábana y las colgabas en el cordel de la tarde, construyendo un pentagrama de colores y telas. Quizás
qué pensabas o imaginabas en tu faena de colgar nuestras amadas ropas cotidianas. Eso te pertenece a ti,
a tus secretos, como ayer estabas en mi secreto de mirarte sin que te dieras
cuenta que te miraba. También, como un adolescente, te miré las piernas. Andabas
con un vestidito corto, tipo hindú, color lila y con manchas blancas. El
vestido, además, tiene como flecos unas hilachas que son la risa de tu vestido y
que hacían más juguetones y alegres tus movimientos y que me permitieron ver
tus piernas más allá de la cuenta cuando apenas te inclinabas para tomar otro calcetín. Fue hermoso sentir tu presencia sin que te llamara, sin que te tocara,
sin que supieras que yo te miraba y te acompañaba con mis ojos de espía. Se te
veía tranquila. Eso me alegró. Además, para mi espionaje se confabuló el día.
Estaba de un cielo hermoso, como esos de comienzos de septiembre en nuestro lejano país. El pasto había sido cortado por nuestro hijo
Camilo unos días anteriores. El sol alumbraba diáfano y corría una brisa que te
movía un poco el pelo y que ondeaba tu vestido,
y yo, reincidente, volvía a mirar tus piernas más allá de la cuenta. La escena no duró
mucho. Habrán sido uno tres o cuatro minutos, pero se me hicieron eternos. Será
por el silencio infinito que hay en la mirada de los espías cuando contienen la
respiración en su faena, y porque estabas tú en la mirada y nadie más.
Terminaste de colgar la ropa, tomaste el canasto, lo apoyaste en tu cadera como
las mulatas, y volvías donde nosotros como si regresaras de otro mundo. Yo me
volví rapidito al family room para no ser sorprendido en mi secreto. Tomé el Arizona
Republic y mi lupa y seguí el día como si nada, y ya nunca te podrás dar
cuenta, en tu hermosa vida, que te espié cuando colgabas la ropa en el backyard,
ayer domingo por la tarde, sino fuese por la literatura.
Glendale,
Arizona, abril del 2003
Que bello relato de un hombre observando en una rutina doméstica a su mujer. Pensamientos y sentimientos que reflejan un profundo amor hacia ella. Benditos los dos.
ResponderEliminarmuchas gracias....así es, así fue....Ahora, ella ya no está acá...partió al cielo!
EliminarPublicar ésto, es recordarla y homenajearla.
Gracias por comentar.
falleció a los 9 días de haber cumplido 38 años casados. Era una gran mujer. :)
EliminarSiento mucho tu pérdida. Que nobleza de tu parte al recordarla en la simpleza de la cotidianidad. Espero que tu alma sane por la falta de su presencia.
EliminarMuchas gracias!.
EliminarSí, la recuerdo cada día. Gran mujer, gran madre, gran amiga, gran esposa. Lamentablemente se me fue.
Que bella expresión, sutil, solo suya, una belleza, gracias por compartir
EliminarMuchas gracias por leer y comentar, eso crea comunión en torno a la palabra.
EliminarQue hermoso es el amor verdadero.
ResponderEliminarCon palabras tan simples pero con la profundidad de los sentimientos nobles logras hacer que uno de fe de lo grande que era el amor que sentías y sientes por tu esposa. 🌹
Muy hermoso, felicitaciones 🌹
Muchas gracias por tu comentario, por recepcionar mi trabajo literario. A pesar de que fue escrito en el 2003, este, entre otros poemas, es un homenaje póstumo a ella.
EliminarEste relato, con un giro enternecedor, nos viene a recordar la importancia del cómo nos relacionamos para sustentar el amor.
ResponderEliminarEn la vorágine de la vida cotidiana muchas veces perdemos la capacidad, o el interés, de transformar las cosas simples en las mejores aventuras.
Gracias por compartir 🤗❤️
Gracias a ti, Francisca, por leerme y acoger mis relatos, mi literatura.
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