PUEBLO FANTASMA

En este pueblo se tejieron mil y una  historias. Tal vez como las de Yoknapatawpha. Cada domingo había retretas en la plaza y para las celebraciones de aniversario se reventaban cuetes y petardos hasta el amanecer. En este salón abandonado se hacían los grandes malones, según cuentan los cronistas. Ahí al frente estaba el sindicato de obreros donde se hacían la asambleas para luchar por una mejor paga y un mejor trato. En los buques de más allá, las niñas de vida alegre le ponían la necesaria pizca de lujuria y pecado a este pueblo abandonado en medio del desierto para que el único párroco del campamento le diera un uso al confesionario en la misa dominical. Se han escrito cuentos, novelas, obras de teatro, inspiradas en lo que fue la época del oro blanco. Hoy este pasado escombreado sólo da para este microcuento y nada más.


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