EL PEQUEÑO ROBOT

La Fría, Triste y Efímera Historia

Del Pequeño Robot y sus Ingenieros Desalmados 


robot. 1. ‘Máquina programable capaz
    de realizar trabajos antes reservados solo
                                                                      para las personas.

                                          (Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española)                       
   

I
 
El robot mueve los brazos/se desplaza
haciendo un ruido como de avión a pilas.
Nos habla desde su interior de latas y circuitos
y se desplaza siguiendo las precisas instrucciones.
Gira muy colérico en 180 grados y nos trae una gaseosa
en una bandejita de lata o melamina.
El robot abre el portón para nuestro descapotable
nos recuerda nuestras reuniones importantes
nos despierta cada mañana, nos mira
y nos sonríe con sus ojitos digitales
con una ternura de chips y aceros que nos conmueve
y por primera vez también le sonreímos.


II
 
El robot tiene pintada una boca
de manera que parezca que nos sonríe.
Y de verdad sonríe.
Pero el pobre muñeco no sabe que sonríe.
 
Un hombre está sentado en un banco de una plaza
y ha llorado toda la tarde.
Y de verdad llora.
Y no sabe por qué llora.


III
 
El obediente y disciplinado robot
ha trabajado infatigablemente una semana completa
como lo hizo ayer la laboriosa oruga atravesando una mega carretera
o como lo hicieron las hormigas que desfilaron
por mi cocina el último verano caliente.
El robot hizo todo tipo de cosas, hasta las menos indispensables
que le fueron programadas por los ingenieros de Silicon Valley.
A los pocos días le brotó aceite desde sus articulaciones apernadas
de modo que estaba listo para pasar al taller de reparaciones.
Pero el muñequito saliéndose de todo protocolo y programación
sacó una voz mecánicamente abisal y les dijo:
 
“pásenme una toallita, es tan solo mi sudor que baja
como esperma de un cirio que ilumina la noche de los difuntos”


IV
 
La ciudad va cerrando el día
como las saponarias se cierran de noche
para descansar de la fotosíntesis
y a esta hora ya casi no quedan bocinazos
flotando en el freeway
y bolsas de basura van apilándose
en las puertas traseras de los restoranes de comida rápida
y letreros de neón se encienden y apagan, se apagan y encienden
en su luz fría y silenciosa anunciando cosas a nadie.
Y mientras nuestros párpados caen
como un bola de acero en un tonel de aceite
el pequeño robot/estacionado en algún lugar de la casa/
aún en estado turn-off/custodia, implacable, nuestros sueños.


V
 
Parecía eterno porque tenía partes de acero inoxidable
y un tórax con aleaciones de estroncio y circonio
para resistir cualquier batazo de niño travieso.
Pero más de alguna vez su CPU fue atacada por virus
y fue ejecutando mal las órdenes
y ya casi no movía sus bracitos de titanio
y tuvieron que afirmarle el cuello con una soldadura de magnesio
y sujetarle un dedito con alambres.
Y ya no decía: “good morning Mr. Dave”, como los primeros días,
sino que decía algo así como:“gurrrr píp-píp-píp Mrrr.…av.. píp…ing”,
y al final se fue oxidando poquito a poco
como se oxidan los triciclos con la neblina que pasa por el backyard
y se fue quedando a la intemperie con sus fieles y mudos amigos:
un camión tolva, una bate y un guante de béisbol.
 
Al final hubo que tirarlo al junkers, casi con desdén.


VI
 
A este pequeño robot no le dio para un epitafio
porque a este muñeco no le dio para mascota.
Y por eso no venden entierros de muñecos de acero
ni se construyen cementerios para robots
ni hay lápidas de fierro helado y duro
para grabarles algunas letras en su memoria.
Sólo los que supimos de sus mecánicos movimientos
prolijamente tiesos y de su voluntad de acero
deseamos que su atado de cables, sus pedazos de chips
sus trozos y partes de latón
invadidos esta mañana por bacterias biodegradadoras
puedan darle una lixiviación en paz.


Glendale, Arizona, 2008

 



 

 


 


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