SOBRE PROTOCOLOS
La definición de “protocolo”, según el diccionario de la Real Academia Española, en su quinta acepción dice: Conjunto de reglas que se establecen en el proceso de comunicación entre dos sistemas.
Pero los protocolos no son
sólo para asegurar el encuentro entre dos sistemas, sino también para el
encuentro entre ciudadanos. El origen del saludo con la mano, como se lo leí en
mi juventud a Ortega y Gasset, es un vestigio cultural ancestral que proviene
de tiempos primitivos y cuyo objetivo era asegurar el encuentro entre dos tribus
o entre personas que no se conocían, en ese estado tribal de la humanidad cuando
el hombre ejercía la pesca y caza como la principal fuente de producción de
alimentos. Entonces, al acercarse dos extraños, el extender la mano con la
palma abierta era decir: “no presento armas, vengo limpio”. Con este rito, al
presentar ambas partes la palma de la mano, se la estrechaban y se producía la
necesaria cordialidad.
Este es el origen protocolar
del saludo de manos, que aunque desconozcamos su interpretación, el contenido
sigue siendo el de asegurar el encuentro entre las personas. De ahí que el
rehuir estrechar la mano es un acto de agravio.
El sistema legal de cualquier
país es un protocolo que busca como objetivo el asegurar la amistad cívica para
que sea posible la vida en comunidad. Y por tanto las leyes marcan un límite
entre lo que está permitido hacer y
aquello que no.
El delincuente al violar
la ley, lo único que hace es confirmar su existencia y por tanto fortalecer el
sistema legal. En cambio, los grupos que buscan cuestionar un sistema de
gobierno, tienen como objetivo destruir el aparato legal y sustituirlo por otro
que se ajuste a su prerrogativas ideológicas. Estos grupos son más peligrosos porque
la estrategia de acción es hacer uso del mismo aparato legal para poder ir
minándolo. Los grupos rebeldes no violan las leyes, sino que las cuestionan y
hacen un ataque moral-ideológico a su existencia. De ahí surge la imagen del
subversivo y la figura del preso político cuando éstos son encarcelados al
violar principios constitucionales, como lo es el promover
actos de insurrección civil.
Como estrategia
comunicacional e ideológica, la izquierda comenzó a protocolizar los
procedimientos de carabineros, a fin de diluir su poder disuasivo para mantener
el orden público, y de este modo actuar a mansalva y con la mayor impunidad en
sus marchas políticas y en las acciones vandálicas que se han venido sucediendo
desde el 18/10.
Lo dramático y peligroso
es que esta estrategia comunicacional de desprestigio hacia Carabineros se ha
extendido a la ciudadanía, de modo que hoy muchos chilenos encaran a las
fuerzas policiales y les han perdido todo respeto, llegando a la desobediencia,
el insulto y el conato con las fuerzas policiales.
Para que en una sociedad civil
haya gobernabilidad, funcionen sus instituciones y haya amistad cívica, no sólo
es necesario que las autoridades políticas y las fuerzas de orden cumplan
protocolos de acción, sino que el ciudadano también debe cumplir protocolos de
buena convivencia en todo ámbito público, y principalmente respetar a las
autoridades y las leyes, que es el protocolo que todo ciudadano debe cumplir.
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