EL ADJETIVO CUANDO NO DA VIDA MATA

 

Los seres humanos somos esencialmente seres lingüísticos, y como tales, hacemos distinciones en el lenguaje. La realidad se construye con lenguaje y parte esencial y fundamental es el uso del ‘adjetivo’. Sin adjetivos no podemos emitir juicios de valor, pues es el adjetivo el que permite connotar, valorar y enjuiciar una obra de arte, un texto literario, un poema y la conducta humana. Es a través de los juicios de valor que se forma una moral. En poesía el adjetivo cumple, tal vez, el rol más esencial porque permite hacer un uso connotativo del discurso poético. Ya Huidobro en su seminal Arte Poética señala: el adjetivo cuando no da vida, mata.

Sí, gracias al adjetivo podemos distinguir lo bueno de lo malo, lo bello de lo feo, lo prudente de lo imprudente, lo correcto de lo incorrecto, lo limpio de lo sucio, lo transparente de lo turbio, lo delicado de lo burdo, el bien del mal. No se entiende un adjetivo o un juicio de valor sin sus opuestos. Por algo existen los antónimos en todos los idiomas.

El improperio o garabato existe, también, en todos los idiomas. Si bien es cierto que los diccionarios de cada lengua no los aceptan como palabras oficiales, no es menos cierto que reconocen su existencia al incorporar oficialmente al diccionario la palabra “garabato”, para definir, precisamente los insultos verbales en la comunicación humana. Y si se han inventado los ‘garabatos’ es por una necesidad casi fisiológica.

¿Cuánta descarga emocional o descompresión hay en un garabato?.

La función que cumple un ‘garabato’ también es para calificar una situación y/o una acción humana. También el uso picaresco y adecuado en los chistes, en los libretos de obras de teatro y hasta en poesía cumple un rol expresivo y decorativo del libreto y de fuerza expresiva y connotativa, en poesía. El garabato en muchos contextos desata hilaridad, sobre todo en el chiste, la broma. Yo lo usaba en mis clases adecuadamente y siempre fue un elemento distensionador de la clase.

El uso burdo, poco asertivo, inoportuno del garabato, es causa de rechazo, de molestia. No aporta a la belleza o empatía del discurso o comunicación. El uso del garabato como comodín de adjetivos resulta atosigante y sólo demuestra carencia lingüística del hablante o emisor, más no niega su existencia y pertinencia en muchos casos.

También el garabato es un mecanismo de defensa, de contención ante una agresión o intento de agresión. Mediante la espetación imperativa de un garabato se puede contener el avance de alguien que está violando normas sociales de comportamiento o la intimidad o integridad de una persona. Una mujer acosada por un impertinente puede contener el avance con un enérgico garabato.

Ahora bien, la moral es una construcción social y el reproche es otro modo, informal pero también efectivo, de crear una moral, aparte de las religiones y el código civil. Si alguien reprocha a una persona que orina en un espacio público o no recoge la deposiciones de sus mascotas, o escupe en el carro del metro o eructa en frente de otros, recibe una sanción, un reproche; y es la forma de normalizarlos para que la amistad cívica sea agradable.

George Orwell escribió su novela 1984 (1949) donde hace una crítica al comunismo, a las sociedades totalitarias. En esta novela surge la figura del Gran Hermano, el personaje que controla y vigila a todos los miembros de la sociedad. El Gran Hermano es un dictador o es el Estado que ejerce un rol paternal y tutelar sobre sus habitantes.

La crisis de Occidente, es que en este mundo libre, promotor de la democracia, de la libertad de expresión, de la tolerancia, de la diversidad de opiniones, hoy está instalado el Gran Hermano orwelliano.

Los globalistas pretenden refundar el mundo y ejercer un control sobre todo aquel que se aleja de la “post-verdad”, y al igual que esa sociedad orwelliana, hacen persecuciones, censuras. También, como el mundo orwelliano, hacen uso de los medios de comunicación para manipular la realidad. El Ministerio de la Verdad está representado por Facebook, Twitter (cuando era Twitter) e Instagram. A todo aquel que cuestiona la agenda global, se le bajan las cuentas, se lo amordaza. Quieren crear un neolenguaje desde donde controlan hasta nuestra conciencia.

Así es como están tratando de eliminar el uso de adjetivos cuando los usamos para calificar situaciones que nos parecen reprochables, deleznables, y desde el reproche ejercemos nuestro derecho a sostener o corregir una moral.

Hoy, este Gran Hermano, prohíbe el uso de adjetivos cuando expresamos nuestras molestias porque este ser omnipotente considera que “promovemos el odio” al usar ciertos adjetivos. El bot que tienen como fiscalizador, actúa desde un algoritmo que busca erradicar de nuestras capacidades expresivas el uso de ciertos términos para descargar nuestras molestias, necesarias para purgar impotencias ante el poder, ante conductas que consideramos escrutables y reprochables.

Vanessa Kaiser, hace unos días envió una carta al diario El Mercurio, donde certeramente y con un dejo de inteligente ironía cuestiona una propuesta de los Constituyentes sobre ciertos derechos de los animales.

El director del diario Publimetro, a los días publica un titular en donde incita a funar a Vanessa Kaiser, con ese lenguaje y potestad opresora del Gran Hermano. Este director, con carencia de hombría, literalmente la lanzó al cadalso de las redes sociales para que por el contagio emocional y lacerante de los progres, hicieran el trabajo sucio de lincharla.

Ante esta acción de este señor, califiqué su actitud, de “mariconada”.

Instagram me tiene suspendida la cuenta porque según su bot, yo uso un lenguaje que incito al “odio”. Para el bot, la mariconada de este director no incitaba al odio ni a la felonía. La actitud de este director, para el bot, era una acción éticamente correcta.

Me imagino que todas las “malas palabras” usadas en la literatura habría que erradicarlas porque su sola lectura podría incitar a desarrollar el ánimo de odio.

Realmente, estamos llegando a un punto de deconstrucción total del lenguaje, nuestro tesoro más apreciable para desarrollar nuestra singularidad, desde la plenitud  y armonía hasta la necesaria rabia que podamos sentir frente a un hecho; y también desarrollar nuestra creatividad usando todas las posibilidades idiomáticas.

Lo que hacen los dueños de estas plataformas, es una tremenda MARICONADA.

 

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