LOS PRECIOS en ECONOMÍAS de LIBRE MERCADO

Nota.- Aunque este artículo fue escrito en el mes de febrero del 2022, en el contexto de un trending topic en twitter por el alto precio de unas comidas en dos restoranes, el análisis que hago tiene vigencia en todo momento, y es útil para quienes quieran entender de mejor forma cómo funcionan las economías de libre mercado. La explicación de lo sucedido no apela a usar un aparato matemático académico, pero sí usa los conceptos más fundamentales del pensamiento y análisis económico para explicar lo sucedido. También podría ser útil para aquellos que siguen demonizando los libres mercados y cuya demonización es, en mi modesta opinión, parte del conflicto ideológico y cultural con los marxistas, que son absolutamente ignorantes en economía. Ellos, cuando hablan, supuestamente, de economía, hablan de una economía emocional y panfletaria, jamás hacen economía positiva, y es lo que los tiene atrapados en ese atavismo ideológico marxista.


La semana pasada se viralizaron dos boletas de consumo de comida, una en el Barrio Italia y la otra en la Caleta de Angelmó, donde se mostraban unos precios exorbitantes, desmesurados, aparentemente. Esto provocó una escandalera por considerar que el precio cobrado no guardaba relación con la comida ofrecida, y de paso, entonces, muchas personas hicieron un juicio moral sobre los precios, rotulando de abusadores a los dueños de ambos restoranes, y de paso para los más contaminados con la ideología marxista, estos altos precios son expresión de un capitalismo voraz, despiadado que roba a la gente.

En la historia de la economía, dilucidar y formar precios no fue un asunto fácil. Al principio, y desde una perspectiva cristiana, se hablaba de “precio justo”, es decir, se introducía una variable ética al momento de tratar de fijar el valor monetario o de intercambio de un bien. Este enfoque provenía, especulo, de ver gente pobre que no tenía los recursos para poder acceder a bienes, sobre todo a bienes de primera necesidad. Por lo tanto, un precio “no justo”, era un precio que discriminaba de manera despiadada a quienes más necesitaban de ese bien; pensemos en víveres. De ahí, tal vez, Marx establece que “a cada cual de acuerdo a sus capacidades y a cada cual de acuerdo a sus necesidades”, en una suerte de espíritu salomónico. El marxismo como doctrina no deja de estar espolvoreada de una suerte de cristianismo ateo. De la misma manera se consideraba inmoral el cobro de intereses por el préstamo de dinero, y se les llamaba usureros, como condena, a los prestamistas. Hoy se sabe que el cobro de intereses corresponde a tratar de mantener el mismo poder adquisitivo del importe del dinero prestado, es decir, ajustar su valor por el efecto inflacionario para las personas que tienen cuentas de ahorro en un banco. Si un banco a usted le presta 1 millón de pesos y se puede comprar con ese millón una determinada cantidad de bienes, cuando usted le devuelve al banco ese millón, el banco debiera comprar la misma cantidad de bienes iniciales al momento de ser pagado el préstamo. Si este préstamo se realiza en una economía inestable, incierta, como es la de Venezuela, entonces una inflación galopante puede significar que usted tenga que devolver, nominalmente, 4 millones de pesos al banco. La misión de los Bancos Centrales autónomos del gobierno de turno, tienen como misión controlar la inflación, que jamás se puede eliminar del todo por el consumo propio de las personas. Y controlar la inflación comprende una serie de herramientas macroeconómicas que altos expertos pueden hacerlas operativas pensando en el bien común y, esencialmente, en el consumidor: nadie quiere precios altos. Las inflaciones bajas mantienen los precios estables por un periodo largo de tiempo.

Hablar de precios en economía toma todo un curso de un semestre. Verteré las intuiciones más básicas y pertinentes para explicar lo que sucedió con esta escandalera.

El precio de un bien depende de varios factores: de su calidad, del lugar donde se ofrece, de su escases, de la forma en que se ofrece, de su diseño, del momento en que se ofrece, etc. Una botella de agua no vale lo mismo en condiciones normales como lo que puede valer para alguien que está en el desierto sin beber agua durante dos días. Esto que acabo de mencionar es relevante, porque desliza un concepto crucial en lo que es la formación de los precios en economías de libre mercado: ‘la disposición a pagar por un bien’.

La disposición a pagar por un bien es algo totalmente subjetivo y depende de la valoración de cada persona al momento de adquirir un bien.  Así es como todo consumidor tiene un precio de reserva, como se dice en economía, que es la mayor disposición a pagar por un bien con tal de adquirir una unidad de ese bien. Así, por ejemplo, cuando uno concurre a ferias donde se ofrecen antigüedades, uno regatea el precio y no revela el precio de reserva, lo esconde y hace una pequeña subasta con el oferente.

El precio de un bien no es otra cosa que la expresión monetaria de esa valoración subjetiva. Así, por ejemplo, por un pedazo de papel de 1 cm2, con una imagen impresa en una de sus caras y engomado en la parte posterior, puede valer millones para un coleccionista de estampillas, mientras que para otras personas no vale nada.

¿Quién fija el precio de la estampilla en este caso?.

No es el oferente, sino los coleccionistas de estampillas.

Para que les quede claro que son los demandantes los que fijan el precio, veamos cómo cualquiera de ustedes se transforma en oferente. Seguramente, usted que lee este artículo no es coleccionista de estampillas, porque no se le despertó el hobby, y por tanto no las valora. Pero si usted se encuentra una estampilla en buen estado y tiene información de que esa estampilla es única y está intacta, entonces, usted no la botará, porque sabe que existen personas que están “dispuestas a pagar” mucho dinero por ella. Su tarea (costo de transacción) es buscar a aquel coleccionista dispuesto a pagar una alta suma de dinero. En definitivas cuentas, usted se encontró con un objeto de valor al disponer de información sobre la estampilla y sabe, por tanto, que este bien es transable en el mercado de los coleccionistas de estampillas. Sin duda aunque para usted ese pedazo no tenga ningún valor, lo rescata porque sabe que para otro tiene un alto valor y está dispuesto a pagar un alto precio.

¿Cómo le demuestro que para usted no tiene ningún valor?, hecho el supuesto de que usted no es coleccionista de estampillas.

Simplemente porque si para usted tuviese valor, entonces no la vende y se queda con ella.

En lo que he ilustrado hay un aspecto muy importante en la formación de los precios, y es la información. Si usted no hubiese sabido que esa estampilla era única y altamente valorada por los coleccionistas, lo más probable es que la haya botado.

Al respecto hay un caso anecdótico y que es un clásico para ilustrar el valor de un bien.

Se cuenta que un vecino de Van Gogh, a quien éste había regalado o vendido a muy bajo precio el cuadro del retrato del Dr. Gachet, lo tenía como puerta de su pequeño gallinero. Cuando se enteró de que los cuadros de Van Gogh estaban siendo altamente valorados, corrió inmediatamente a rescatar el cuadro y, claramente, lo vendió a un alto precio.

Así es como funcionan, en la formación de precios, las casas de subastas donde personas que creen poseer o poseen objetos de valor, llegan al mesón a ofrecerlos porque saben que existen coleccionistas que valoran más que ellos ese bien. El dueño de la tienda de subastas es un intermediario entre el que concurre a ofrecer el bien y el coleccionista que llegará un día a buscarlo. Este ejemplo está ilustrado en un programa de televisión americano que muestra cómo opera este mercado, cuyo nombre del programa olvido en estos momentos.

Lo que ocurrió en ambos casos, el de Barrio Italia y Angelmó, sólo es expresión de las economías de libre mercado. Ambos restoranes subsisten no por casualidad, sino porque ellos atienden a un grupo de clientes que valora en esa cantidad lo que se les ofrece y tienen la disposición a pagar por esos precios. En este sentido es que se dice en economía que el mercado es ciego. El mercado no puede entrar en aspectos morales a la hora de fijar los precios. Estos se forman por la libre oferta y demanda. Vaya usted a comprar un pantalón o blusa al barrio Patronato y vaya a comprar un pantalón o blusa al Mall de Vitacura. Desde el punto de vista utilitario, ambas prendas cumplen el mismo objetivo. Desde el punto de vista sicológico, no.

En este caso de las boletas de la discordia, ambos menús son ofrecidos en lo que se conoce en marketing, el producto aumentado, es decir, no es sólo la comida ofrecida, sino que el tipo de plato y vajilla, la decoración del local, la atención, la vista, la higiene de los baños, etc.

Pero hay más. Estos dos lugares son de afluencia de turistas, ya sea nacionales como internacionales. En los lugares para turistas los precios son más caros por una variable muy importante: el tiempo del turista. Para el turista internacional, principalmente, su objetivo es conocer lugares por lo que el tiempo se hace muy escaso, y cuando un bien es escaso y hay demanda por él, hay mayor disposición a pagar por ese bien. El turista no está dispuesto en regatear precios capturando información para saber dónde es más barato comer, porque además también quiere ir a comer a lugares donde está asegurada la higiene y no adquieran una infección al estómago que le estropee sus vacaciones como no concurrir a lugares demasiado populares donde en los alrededores los puedan asaltar (estoy pensando en Latinoamérica). Por lo tanto lo que sucede en términos económicos, es que el valor del tiempo, escaso para ellos, se traslada al mayor valor de las comidas como de las ferias artesanales diseñadas para turistas, como el caso del Pueblo de Los Dominicos, en Las Condes. Así, entonces, de manera indirecta, el turista está "comprando tiempo", a través de la disposición a pagar un precio más alto por las comidas y souvenirs. Y esto mismo explica por qué los precios de souvenirs como los cafés y sandwiches, son muchos más caros en los aeropuertos que en un local de la ciudad.

Así entonces, los precios que uno confronta, al momento de adquirir un bien o servicio, es un promedio agregado entre los consumidores que tienen la mayor disposición a pagar con tal de no privarse del bien y los que están dispuesto a pagar el mínimo valor con tal de adquirirlo.

Lo relevante en la formación de los precios, en economías de libre mercado, es que éste no lo fija una autoridad central, sino que es el libre juego de la oferta y la demanda, que no es otra cosa que ejercer la libertad de elegir.



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