USTED SEÑOR QUE COMPRA EN EL JUMBO
Usted señor que es de
izquierda y que va a comprar al JUMBO
y toma su carrito y va
zig-zagueando por las góndolas
encantándose con las
variedades de lácteos, las variedades de quesos
y de cecinas y de
galletas y de panes y de chocolates
y sigue feliz por los
pasillos tomando de un cuanto hay.
Pero antes de echar al
carro un producto
se entretiene mirando las
variedades de marcas de arroz
y de harinas y de
mermeladas y de cafés y de tés
y compara precios y
marcas y se alucina como un ángel
con esa libertad de
elegir lo que usted desea llevar para el mes
y llenar su izquierdista despensa,
mientras en Plaza
Baquedano sus “jóvenes idealistas”,
a los que usted apaña
porque le recuerdan sus años de juventud
cuando usted también
salía a combatir a la “dictadura”,
lanzan molotov, queman
neumáticos y se enfrentan a Carabineros,
para derrumbar el modelo que
tanto detestan
como usted detesta a los
ricos como Her Paulman,
mientras hace un stop en
su mañana de compras en el JUMBO
y se toma un café latte
con una media luna o un muffin
que Her Paulman puso en
oferta de $1990
para que usted regrese a
comprar al JUMBO
como quien regresa a su
ciudad natal después de muchos años.
Pero usted dice que es de
izquierda y compra en el JUMBO,
mientras en la Cuba de
Fidel, la de su nostálgica Revolución,
los cubanos van al centro
de abastecimiento
con una tarjetita de
racionamiento que la cuidan
como si fuera la estampa
del santito de la abundancia
a retirar su ½ kilo de
arroz y de harina y un ¼ litrito de
aceite
para freír plátanos.
Papel higiénico no hay.
La cuota de producción
calculada por los burócratas del socialismo científico
ya se ejecutó y este mes
no alcanzó para el culo de todo el proletariado,
y tendrán que limpiarse
con papel de diario, el único diario
que circula en la isla:
el Grandma, que aparte de adoctrinar,
en caso de urgencia sirve
para limpiarse el poto revolucioanario,
mientras usted, después
de su café latte,
va al pasillo de los
papeles higiénicos
y vuelve a comparar
precios y calidades
para decidir con qué
marca este mes
se va a limpiar suavemente
su culo de marxista
que añora el fin del
capitalismo cuando lea
en el baño de su casa el
diario El Siglo o The Clinic
donde quiere ver
anunciada la llegada del socialismo del siglo XXI,
después del BBQ que hizo
un sábado por la tarde
junto a su familia y a
sus amigotes del partido
con las chelas que eligió
en sus compras del JUMBO.
Y sale del supermercado, con
su carrito repleto,
y se le ve feliz y
cumplido, después de haber hecho una cola
(no esas colas en tiempos
de la UP que eran largas y eternas
para alcanzar a comprar
un kilo de pan)
para pagar con tarjeta de
débito o de crédito,
porque el puto
capitalismo le da la opción de pagar
en 3 o 6 cuotas su compra
de hoy, en el JUMBO.
Y descarga su carro en el
portamaletas de su auto
en bolsas ecológicas que
le ofrece el capitalismo.
Y enciende su Toyota o su
Chevrolet
o su Suzuki o su
Fiat y parte rumbo a su casa propia
y conecta el celular a la
radio y busca en youtube
esa canción de los
Inti-Illimani que dice:
“el pueblo unido jamás
será vencido”,
mientras se le infla el
diafragma y le salta un botón
de su camisa, porque el
capitalismo lo ha hecho engordar más de la cuenta.
Y le salen unas
lagrimitas añorando los tiempos de la UP,
Y evocando a Allende en la
ventana del segundo piso dando sus discursos,
mientras el facho pobre
de su barrio abrió un almacén
para “salir adelante” con
su prole
y usted le da la espalda
por ser facho pobre
y prefiere venir a
aumentar la cuenta corriente de Her Paulman,
porque usted es de
izquierda y compra en el JUMBO.
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