LA PUERTA DE CALLE MORANDÉ
Nota.- Este artículo lo escribí a semanas de que se provocara ese salto de los torniquetes del Metro, que marcó en nuestra atribulada historia, un antes y un después del 18/10. El artículo lo subí a mi antiguo blog, donde algunas seguidoras que he recuperado, tal vez lo deben recordar. Hoy, con mi nuevo blog, lo vuelvo a instalar porque creo tiene toda la vigencia, porque es una reflexión que va más allá de la contingencia, aunque haya sido provocada -la reflexión- por los sucesos post 18/10.
Antes del pronunciamiento militar de 1973, los Presidentes de la República acostumbraban a entrar y salir por una puerta lateral, que da hacia calle Morandé, ya que justo en frente estaba el estacionamiento del auto presidencial. Por este peculiar hecho, las personas que justo circulaban a la hora que el Presidente ingresaba o salía del palacio, lo podían ver despojado de toda la investidura que otorga el cargo. En pocos metros de caminata hacia el auto el Presidente se mimetizaba como un ciudadano más que habita la ciudad y se cruza con alguno que otro transeúnte anónimo en dirección hacia el auto presidencial.
Cuando
asume el gobierno militar, y después de años de reparación del Palacio
Presidencial, se construyó un enorme estacionamiento subterráneo que está justo
bajo la Plaza de La Constitución, para acomodar y permitir a los Presidentes un
acceso fácil y seguro, por lo que no se justificaba la puerta lateral de calle
Morandé. Además, haber mantenido esta puerta constituía un factor de
vulnerabilidad del palacio.
Cuando
las Fuerzas Armadas, después de haberse trazado un derrotero para recuperar y
reestructurar el país que había sido devastado por el gobierno de la Unidad
Popular, y ya en una democracia renovada, bajo el gobierno de Ricardo Lagos E.
se reabrió la puerta lateral de calle Morandé.
Ese
día, ese inocente día, comienza a encenderse la mecha de lo que fue la
sublevación civil de un sector del país, el 18/10.
Ese
acto de reabrir esa puerta lateral, que claramente no se usa para que los
Presidentes salgan por ella, es un acto simbólico que hace parte de la campaña
comunicacional de la izquierda. Le otorgan, retrospectivamente, a una acción
práctica de ir a tomar el auto, el carácter de un “acto republicano”, algo así como
que el salir por esa puerta lateral constituía un acto de democrática humildad
y castidad, característica que supuestamente no tendría un dictador.
Lo
que hay tras la reapertura de esa puerta, es el negacionismo de la izquierda de
no asumir que con la supresión de ella, había cambiado la historia para siempre.
En
el poemario La Ciudad, del poeta
Gonzalo Millán, queda patente ese afán de negar y no asumir la derrota
política, moral y militar. En uno de sus poemas claves del libro señala:
El río
invierte su curso
El agua de la
cascada sube
La gente
comienza a caminar retrociendo
Los caballos
caminan hacia atrás
Los militares
deshacen lo desfilado
Las balas
entrar a los cañones
Los oficiales
desenfundan sus pistolas
………………………………………
Los campos de
concentración se vacían
Aparecen los
desaparecidos
…………………………………..
Los aviones
vuelan hacia atrás
Los “rockets”
suben hacia los aviones
…………………………………….
La Moneda se
reconstituye íntegra
…………………………………….
Los cesantes
son recontratados
Los obreros
desfilan cantando
¡Venceremos!
Es evidente la impotencia (del hablante lírico del poema y del poeta), de tener que aceptar el curso no deseado de la historia. No se cumplían los designios de casi toda la poesía de Neruda, que le otorgaba un carácter apologético a los “procesos revolucionarios”, y que daban a entender que la historia estaba siempre con ellos. En Oda al Hombre Sencillo, en los versos finales dice:
No sufras/ven
conmigo/porque aunque no lo sepas/eso sí yo lo sé/yo sé hacia dónde vamos/y
está la palabra/no sufras/porque ganaremos/ganaremos nosotros/los más
sencillos/ganaremos/aunque tú no lo creas/ganaremos.
Los Inti-Illimani y Los Quilapayún, durante 3 años, cantaron hasta el cansancio la canción, El Pueblo Unido Jamás Será Vencido, consigna que aún siguen coreando en las protestas sociales y en cualquier acto litúrgico de la izquierda.
Con la apertura de esa puerta, la Concertación (mayoritariamente de cultura de izquierda), inicia un trabajo ideológico-comunicacional, donde sublima su derrota política e instala la narrativa de corregir el curso de la historia y de volver a reescribirla o volver a reconstruirla desde sus propios símbolos.
De este modo, la izquierda, desde ese acto inocentemente simbólico, pero de una densidad ideológica insospechada, comienza a renombrar calles, estadios, plazas con sus líderes políticos, como formas de redimirse o limpiarse ante la historia. Alzan la estatua de Allende en la Plaza de La Constitución. Construyen el Museo de la Memoria. Ponen placas recordatorias por acá y por acullá y realizan frecuentes homenajes. Establecen todo tipo de efemérides: el ‘Día del Combatiente’, el ‘Triunfo del NO’, el ‘Triunfo de Allende’, el ´Golpe Militar’, el ‘Natalicio de Neruda’, ‘la Muerte de Neruda’, el ‘Día que Neruda recibió el Premio Nobel’, ‘el Día que Asesinaron a Víctor Jara’, el ‘1 de Mayo’, etc. Crean la Fundación Salvador Allende y el Museo de Violeta Parra.
La izquierda sigue y seguirá, en su papel de víctima, cooptando y expropiando el espacio público haciendo de su derrota no asumida, un parque temático de todos sus símbolos y fetiches políticos a los que sacralizan día tras día.
A la izquierda dirigencial, a pesar de su comodidad económica, les perturba el éxito económico del país, les perturba el ascenso de las capas populares, a la que estigmatizan de “fachos pobres”. Les perturba, porque el éxito del modelo económico es la derrota de su proyecto ideológico.
Y porque les perturba este éxito y les cuesta asumir su derrota y que la historia se haya ido por otro camino, es que desde la reapertura de esa puerta han venido abonando el camino para instalar la idea de que Chile es un país desigual, injusto, de que el modelo fracasó y volver a retomarlo a como soñaba, impotentemente, el poeta Gonzalo Millán.
Y para eso, necesitan destruirlo, hacer borrón y cuenta nueva, con una página en blanco, donde ellos tienen el lápiz.
Post Scriptum: Hoy el simulacro de Presidente, en lugar de salir por la puerta de calle Morandé, se va en bicicleta a su casa presidencial.
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