UNA REFLEXIÓN SOBRE EL GÉNESIS

En un mundo cada vez más secularizado los ateos ven como ridículo y como cosa de fanáticos fundamentalistas el profesar algún credo religioso y ser sujeto de Fe.

La Biblia, sin ser un exégeta, afirmo es una fábula literaria sobre el origen del universo, y por tanto, es válida como interpretación de su creación. Tratar de explicar desde la racionalidad de la ciencia los sucesos narrados en la Biblia, es una empresa inoficiosa, inútil, porque la narración de la Biblia no es un hecho factual.

El ser humano, desde que es un ser dotado de lenguaje, necesitó nombrar seres y cosas, sean concretas o abstractas, y son creados desde el momento que son nombrados. No por nada el Quijote de la Mancha comienza así: “En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza de astillero…” . Es evidente el carácter fundacional del universo quijotesco desde el comienzo del relato.

¿Quién cuando lee el Quijote de La Mancha o Cien Años de Soledad exige pruebas de la existencia real del Quijote y Sancho o de Aureliano Buendía y Ursula Iguarán?. Nadie.

¿Esto significa que el mundo creado por estas ficciones literarias no existe?. Y si no existe, ¿por qué hay departamentos de estudios literarios en las Universidades que se dedican a estudiar el universo que describen estas novelas y lo que representan sus personajes?.

¿Podemos entonces hablar con propiedad y extraer conclusiones sobre la vida a partir de estos personajes ficticios?. Claro que sí.

¿Qué categoría interpretativa y validez le damos al poema Altazor de Vicente Huidobro, que es la muerte consciente de Jesucristo?.

Claramente no podemos darle validez a las interpretaciones del poema, si previamente no le damos validez a la existencia literaria de Jesucristo. Dicho en términos literarios, hay una intertextualidad entre del poema Altazor con la Biblia.

Moisés, Abraham, Jacob, Ismael, Jesucristo, José, Noé, Sara, Raquel, María Magdalena, existen como categorías, como entidades, del mismo modo que existen todos los personajes novelescos.

¿Alguien niega la existencia de Romeo y Julieta?, ¿de Antígona?. ¿Alguien niega el personaje mitológico chilote como el Trauco?. ¿Alguien duda de los muertos de Comala?.

El ser humano necesita de mundos interpretativos para armar modelos que le permitan dar coherencia a la existencia humana. Aunque haya descubrimientos y avances científicos, subyace siempre esa pregunta rubendariana: ¿de dónde venimos y hacia dónde vamos?. Somos nada más que un parpadeo en la historia.

Nadie pide pruebas de por qué Matusalem vivió 969 años, así como nadie pide pruebas de por qué Funes el Memorioso tenía una prodigiosa memoria estéril o por qué el gitano Melquiades resucitó y volvió con una inmensa lupa a Macondo.

Las relaciones incestuosas que suceden en el Génesis no son una falta a la moral actual o una incitación al incesto. Las relaciones incestuosas del Génesis son la explicación más verosímil y coherente para explicar literariamente por qué y cómo se reprodujo la especie humana.

La Biblia está llena de parábolas, de simbolismos para explicar la existencia del hombre en la tierra. Es el libro que creó la cultura Occidental. Nos debemos a ella.

Sin embargo los intelectuales marxistas no se cuestionan la poesía de Neruda, esa poesía totalitaria, cosmogónica sobre la aparición del hombre en la tierra. En el Canto General Neruda da una visión fundacional, parecida a la visión bíblica del universo, sobre Latinoamérica.

Citemos los primeros versos del Canto General:

Antes de la peluca y la casaca
fueron los ríos, ríos arteriales:
fueron las cordilleras, en cuya onda raída
el cóndor o la nieve parecían inmóviles:
fue la humedad y la espesura, el trueno
sin nombre todavía, las pampas planetarias.
 
El hombre tierra fue, vasija, párpado
del barro trémulo, forma de arcilla,
fue cántaro caribe, piedra chibcha,
copa imperial o sílice araucana.
Tierno y sangriento fue, pero la empuñadura
de su arma de cristal humedecido,
las iniciales de la tierra estaban
escritas.
 

¿Quién puede dudar del carácter fundacional que le da Neruda al nacimiento de Latinoamérica tan similar al origen bíblico de la aparición de la especie humana en la tierra?.  

En el comienzo de todo, Dios creó el cielo y la tierra. La tierra no tenía entonces ninguna forma; todo era un mar profundo cubierto de oscuridad, y el espíritu de Dios se movía sobre el agua.

Entonces Dios dijo: ¡que haya luz!...

Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo.

                            

 (inicio de Cien Años de Soledad)

 

El Génesis está documentado de diversas formas. La literatura universal lo recoge y la poesía también:

 

                                                        DIBUJO

                                                 Primero tracé un círculo
                                                 hice crecer un árbol,
                                                 puse un nido en su copa,
                                                más arriba, una nube,
                                                hice brotar el agua,
                                                apenas un arroyo,
                                                para que árbol y nube
                                                y pájaro bebieran.
 

                                               El árbol, es fatal,
                                               se propagó en un bosque,
                                               y los pájaros pronto
                                              volaron en bandadas.
                                              La nube se hizo inmensa,
                                              se hizo tempestad.
                                              y el arroyo en un río
                                             se desbordó de súbito.
 
                                             Y en medio del bosque
                                             yo tracé una cabaña,
                                             y una mujer adentro
                                             para sentirla mía,
                                             la choza se hizo pueblo,
                                             pronto, una gran ciudad
                                             en la que busco, a ciegas,
                                             tu cuerpo que he perdido.
 
                                        (Braulio Arenas, poeta chileno)

 

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