LA POESÍA & YO

 

Nunca pensé que alguna vez me iba a interesar por la literatura, menos por la poesía. Nunca pensé iba a escribir un poema. Nunca pensé que iba a ganar algunos concursos literarios. Nunca pensé que iba a publicar un libro en una sello editorial importante. Nunca pensé que ya está para imprenta mi segundo libro. Nunca pensé. Sin embargo, todo esto ha sucedido.

Nací en Tocopilla un 3 de diciembre de 1957. Crecí mataperreando y haciendo mucho deporte en mi barrio de la Villa Covadonga, lo que era el campamento de los empleados y obreros de la Chilex Exploration Co., filial termoeléctrica que generaba energía para el mineral de Chuquicamata. Viví y crecí, bajo ese formato chileno-americano, en una villa de 22 blocks, con 6 casas por block. Era un condominio abierto y muy bien mantenido por la empresa, con blocks pintados de rojo terracota, azul, celeste, amarillo, color té con leche, verde manzana y verde mar. Mi villa se parecía a esas casitas con techo del juego Metrópoli. Fui feliz, entre los cerros y los roqueríos del mar. El norte es mi paisaje y mi elemento. Éramos pelusones apatotados y traviesos, pero no maldadosos. En 5to básico descubrí que era buen alumno, y eso cambió mi auto estima y mi vida y ya nunca dejé de ser buen alumno e interesarme por aprender. Pero tampoco muté en nerd. Seguí mataperreando en el barrio. Me encantaban todos los deportes y quise ser boxeador. Boxeé en mi adolescencia. Teníamos a dos campeones nacionales de box y un vicecampeón. Hugo Figueroa era el ídolo y yo quería ser como él. Todo el que pasó por Tocopilla a pelear con él, fue derrotado. Era la imagen del gladiador y del triunfo. Supe que hace un año falleció en España. Pero me hice basquetbolista. No soy ni alto ni bajo. Mi puesto era el base, es decir, la CPU del equipo. Ese puesto me hizo muy creativo. Si hay algo bello en básquetbol, es urdir un punto creativamente para que un compañero de equipo haga el punto. Era más placentero que ejecutarlo uno mismo. Desde pequeño tuve conciencia que soy creativo y que busco el sentido estético a todas las cosas, a todas. Por eso me gusta la mesa bien puesta, llena de detalles delicados, me gusta el diseño de interiores, me gustan los barrios con historia y estética. El básquetbol, el puesto en que jugué me potenció más ese afán de buscar la armonía, la perfección, el gesto técnico, el arte, la invención. También descubrí que era hábil para las matemáticas y que éstas me entretenían. Me gustaba y gusta el carácter lúdico de las matemáticas. De ahí también mi conexión con el deporte. Me gusta ver la vida como un juego, pero como un juego serio, no como una aventura loca.

¿Y la poesía cuándo?

No lo sabía.  No lo adiviné. No lo calculé. A pesar de mi racionalidad matemática, para la vida misma, no soy calculador. Soy instintivo, soy piel.

El año 1972 fui aceptado en el Barros Arana, cuando este era un colegio de excelencia y de alto prestigio nacional. Mi autoestima se reafirmaba más con este nuevo paso en mis objetivos personales. Quería llegar a la Universidad, a las mejores y a una buena carrera. Y perseveraba, pero paralelamente, desarrollando mi carrera de basquetbolista, la que me apasionaba y me hacía inmensamente feliz.

El ambiente del INBA era muy intelectual. La mayoría de los alumnos veníamos a lo mismo, a buscar una carrera universitaria y que al estar en este colegio había más chances de lograr ese objetivo. Fui inmensamente feliz en el INBA, lo fuimos. Una vida monacal dedicada al estudio, el deporte y el compañerismo.

Cuando fui a la biblioteca a pedir un libro para una tarea de castellano me llevé la tremenda impresión: una biblioteca inmensa y con estantes de libros por doquier. Nunca había visto tanto libro. Como que me imanté. Fue como un amor a primera vista con los libros, considerando que antes nunca me había interesado por ellos más allá de la responsabilidad irrestricta al estudio. El bibliotecario, con el tiempo, llegó a convertirse en mi padre putativo y nunca me separé de él hasta su trágica y solitaria muerte a principios de los 90. Oscar Godoy Rodríguez era su nombre, más conocido como el chico Godoy. Había sido un brillante profesor de castellano, pero después se hizo cargo de la biblioteca del INBA. Yo me hice ratón de biblioteca y me laberinteaba entre sus escaparates que tenían como 4 metros de altura y oficiaba de ayudante en las horas pick para aliviarle la carga a don Oscar. Mi relación con él fue algo parecida a la de Alfredo y Toto de la película Cinema Paradiso.

Entonces, poco a poco fui relacionándome un poco más con la palabra. Siempre he sido bueno para redactar y de buena ortografía. Sin haber visto nunca una palabra sabía cómo tenía que escribirse: si con  ‘b’ o con ‘v’, si con ‘s’ o con ‘c’, dónde llevaba acento, etc. No obstante, las matemáticas era mi ramo preferido junto a química. Pertenecía, sin duda, al área científica.

En tercero medio, con el libro de Castellano de Promis y Rojas tuve el primer contacto con la poesía. Me impresionaron unos poemas de Neruda, de Parra, Oscar Castro, de Ernesto Cardenal, de Amado Nervo, José Martí y Gutiérrez de Cetina. Estos poemas me causaron un cierto asombro. Como que me transportaron, me llevaron a otro mundo, a una órbita distinta del prosaísmo cotidiano. Era ese sentido estético que siempre he buscado que se me revelaba en forma de palabra, en forma de poesía. Los poemas que más quedaron circulando por los fiordos de mi memoria fueron Oda al Aire, el Poema 15 y Hoy Que Es El Cumpleaños de Mi hermana,  de Neruda. Hay Un Día Feliz y Es Olvido, de Parra. Ojos Claros Serenos, de Gutiérrez de Cetina,  La Niña de Guatemala, de José Martí y Pequeña Elegía, de Oscar Castro, que me la aprendí de memoria hasta el día de hoy, y se la recitaba a Verena cuando cruzamos el Parque Nacional Villarrica en enero d 1983, lugar en donde comenzó nuestra historia de amor.

Aun así, la poesía fue un destello que pasó por mis ojos, pero no suficiente como para que quedara arrobado a ella. Yo seguía desarrollando problemas de álgebra del Baldor en recreos y en la noche en la pieza del inspector Parada. Él estudiaba ingeniería, por lo que me ayudaba cuando tenía alguna dificultad.

El 18 de diciembre de 1975, jugué mi último partido de básquetbol en el desaparecido Gimnasio Nataniel. Hice uno de mis partidos más brillantes de mi carrera. Pero yo tenía sentenciado que dejaría el básquetbol cuando egresara. Recibí el premio al mejor deportista egresado, aunque creo el INBA fue injusto conmigo en no darme el premio al mejor alumno de química y de inglés.

Ingresé a la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Chile el año 1977. Otro momento feliz de mi vida. Era parte de los mejores alumnos del país. Ciencia dura y pura. En esta escuela, con matemáticos y físicos, me reencontré con otra forma de la belleza. Del carácter lúdico, que no deja de tenerlo, pasó al carácter lingüístico como constructo de universos abstractos, pero bellamente armados y sostenidos como estructuras perennes que ningún tornado ni misil las puede derrumbar. Pasé del juego a la interpretación, a la representación mediante símbolos: el álgebra como lenguaje que crea un universo paralelo y que se sostiene en el lenguaje artificial de las matemáticas.

Dejé el deporte atrás. Apareció el mundo de las ideas con más fuerza que en el INBA. Apareció la dimensión política. Apareció otro Boris que estaba larvado. Un ex compañero del INBA, que cursaba dos años más arriba y que sería uno de mis grandes amigos, me reclutó para el partido comunista. Me hice comunista. En 3ero medio había abandonado mi fe en el cristianismo. Hice mi primera comunión y fui sacristán. Sí, era monaguillo como los de antes: nos vestíamos igual que el cura. Cuando veo el cuadro de Picasso La Primera Comunión, me acuerdo de esa otra etapa fundamental y feliz. Nuestro sayal eran de color rojo y verde, ambos combinados con blanco. Un domingo rojo, el otro verde. Viví mi fe con convicción. Creo que muchas cosas que poseo vienen de mi paso por ese cristianismo en mi edad púber. Toda esa ceremonia de salir del camerino detrás del Padre René, holandés en misiones en mi pueblo, de ir con la campanilla, el vino, el cáliz y el pocillo para las hostias, era otro momento estético. La estética tiene mucho de formas, casi es forma. Las matemáticas es un leguaje formal. Su expresividad y belleza está en su forma y solamente en su forma, y sin embargo expresa y describe de forma sintética todo un mundo. Después, tiempo después, entendí que era el nudo de unión con la poesía. A mí las mujeres me entran por su rostro, por la belleza que me puedan impactar sus ojos o su forma de mirar, por sus modales, sus expresividades, hasta de la forma en cómo mueven las manos me puedo encantar; y por su inteligencia, que es la forma en que su mundo interior sale como una bandada de pájaros. Belleza e inteligencia, es lo mismo que la poesía: forma y fondo acoplados.

Mi amigo Víctor Hugo, el que me ingresó al partido en la clandestinidad, me invitó a una clase de Nicanor Parra, el de aquellos poemas del libro de Promis y Rojas. Iba a conocer al autor de esos poemas. Cuando lo veo venir con sus lentes, su cabellera desordenada y una maleta, que la traía llena de libros, quedé impactado por su carisma.

Lo que pasó en esa clase fue otro hallazgo. Tal vez por el restrictivo momento político, las palabras sin tapujos y la antipoesía, eran una forma de rebeldía y de adherir a un contradiscurso. Parra recitó un poema de él, y en mí todo era hallazgo y sorpresa. Asistía a una silenciosa mutación. El lenguaje, otra vez, este de la poesía se me revelaba.

Víctor Hugo me invitó a un Taller Literario organizado por las Juventudes Comunistas y así comencé a militar, sin darme cuenta, en la poesía.

El año 1981, en crisis vocacional, abandoné la carrera, con el plan común hecho y decidí tomar un descanso de año y medio y dedicarme a la poesía. También fue el año que abandoné la militancia política, aunque seguí siendo comunista de corazón e ideológicamente.

En ese año, gané el concurso de poesía: Palabras Para el Hombre, organizado por la Agrupación Cultural Universitaria, ACU, creada y dirigida por la JJCC, y que tuvo un tremendo aporte cultural y político de la época, para los que éramos disidentes. Muchos poetas, dramaturgos, actores, cineastas, fotógrafos, cantautores, artistas plásticos, narradores, hoy consagrados, surgieron de la ACU. Uno de ellos es Marco Antonio de La Parra, los ex grupos Santiago del Nuevo Extremo y Ortiga, el actor Gregory Cohen, amigo.

Al año y medio, decidí ingresar a la PUC a estudiar matemáticas puras, que era lo que realmente me llenaba intelectualmente, no la ingeniería. Este es mi grado académico. Pude accesar a la belleza de esos mundos imaginados y creados con un lenguaje y que viven y se sostienen en el lenguaje. La poesía también.

Ya entonces nunca más abandoné la poesía y el mundo de las ideas. La poesía estaba en mí cuando armaba jugadas en el básquetbol y no lo sabía.

En 1989, cuando cae el Muro de Berlín y al tiempo se desploma el bloque soviético, experimenté una gran desilusión, aunque me seguía identificando con la izquierda, tal vez por inercia emocional y porque siempre me moví y circulé en el circuito político y cultural de la izquierda, en donde había forjado amistades y compañeros de ruta.

En el 2017 vino mi cuestionamiento sobre mi ser comunista e inicié el proceso de desinstalación ontológica de ese “ser de izquierda”. Sentí que me liberé, logré mi libertad de estar atado a discursos aprendidos, prefabricados y de persistir en la quimera de construir castillos de naipes, y comprendí que ningún sector político, menos la izquierda, es dueña de la moral. También los hechos irredargüibles de los fracasos de la ingeniería social de los experimentos marxistas motivaron que le ponga una lápida defiitiva al marxismo-leninismo.

Sin duda, parte de mi poesía se construye desde mi ser de izquierda y no renegaré de lo que fue parte de mi biografía y mi poesía testimonia eso. Hoy soy un feliz converso.

Después de años de auto postergación, por dedicarme a la familia, publiqué el año 2021 mi primer libro bajo un importante sello editorial: Mago Editores.

Me casé al segundo semestre de mi carrera de matemáticas y con Verena tuvimos 4 hijos, dos hombres y dos mujeres. Dos semanas antes que falleciera de un cáncer metastasiado, le alcancé a entregar el libro dedicado a ella, que siempre fue testigo fiel de mis trabajos y que me los corregía. Aprendió conmigo a valorar la poesía y desarrollar intuición poética. Falleció a los 9 días de haber cumplido 38 años de casados, el 27 de julio del 2021. Nunca pensé, también,  que me iba a casar con Verena y me iba a dar 4 hijos maravillosos, porque procrear hijos, también es una acto de creación, tal vez el más vital.

 

                                                   PARTIDO FINAL
 
                                       Yo no vengo a jugármela por nada.
                                       Nosotros venimos jugando hace 38 años.
                                       Y cuando suene el pitazo final
                                       seguiremos jugando en el patio de los callados
                                       donde los únicos espectadores
                                       serán los gusanos y un tarro con algunas flores secas.


Comentarios

  1. Maravillosa manera de narrar las etapas de su vida,todo lo hace de manera amena y poetica,Felicitaciones y gracias por compartir. Atte 🙋‍♀️🇨🇱

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    1. Gracias por tu opinión. Mi idea era hablar de mi vinculación con la poesía. Pero el texto se me fue bastante a lo autobiográfico, aunque, claro, tiene que ver con mi biografía, sin duda, la poesía. Al principio pensé algo más técnico, pero partí y se fue urdiendo el texto y mi instinto literario me fue guiando y se cerró con mi querida esposa, que también, como la poesía, no estaba en mis planes. Saludos cordiales.

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  2. Borishenko, hijo de Tocopilla de nuestro amado Norte. Hermosa forma de relatar tu vida. Afortunadamente tuviste la oportunidad de ir descubriendo tus talentos y capacidades, desarrollarlos y además desenvolverte en un ambiente cultural y académico de buen nivel. Demuestras tu apetito por las letras en lo que escribes, cosa que en mi modesta y humilde opinión haces con maestría. Te felicito. Espero tu libro.

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    1. Muchas gracias querido coterráneo. Se agradecen tus palabras de reconocimiento a mi trayectoria literaria. Un abrazo a la distancia física y en la cercanía digital.

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  3. Hermosa tu historia Boris,que forma tan sencilla y cercana, felicitaciones por tu libro y a continuar con la poesía 👍👏

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  4. Wow, excelente la historia Boris recién terminé, me encantó, imegine toda la historia como si hubiera sido yo❤️

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    1. Hola...recién veo tu comentario, hoy martes 17 de Abril....gracias por tu comentario, muchas gracias.. Ub abrazo!!

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  5. Interesante tu vida Boris. Gracias por compartir ese desconocidos episodios

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