UNA REFLEXIÓN SOBRE LAS GUERRAS

Nota.-  Giorgio Jackson acaba de hacer una declaración pública (18/08/2022), donde establece un juicio moral contra las generaciones pasadas, a la cual pertenezco. Jackson pretende ejercer una supremacía generacional para gozar de cierta inmunidad ante el escrutinio público al ponerse en una categoría humana superior al resto de la sociedad que no concuerda con sus particulares valores morales, que no son otra cosa que slogans ideológicos barnizados de “valores”. La actitud de Jackson no es novedad; ya la han ejercido con sorna, el poeta Raúl Zurita y el actor Alfredo Castro.

En efecto, el poeta declaró el 29 de Octubre del 2019, llegando de México: “tenemos una ventaja moral sobre el fascismo y la derecha” (sic). Esta declaración la hizo en el contexto de la insurrección civil del 18/10, como forma de darle un respaldo moral a la violencia política y callejera, y a fin de cuentas, justificarla. Por otra parte, el actor Alfredo Castro declaró en septiembre del 2020: “los fachos son ladrones, miserables y con poca imaginación”.

Es en este contexto de declaraciones sobre la ‘moral’, es que se enmarca el siguiente artículo que escribí en marzo del 2022, y que vuelvo a compartir e invito a reflexionar, sobre la tesis que planteo, y el peligro que encierra el que un sector de la sociedad se sienta dueño y depositario de la moral social e histórica.


A modo de Abstract.- Advierto que este es un artículo delicado. Es mi visión particular, no sobre el conflicto Rusia-Ukrania, sino sobre las guerras en la humanidad. No soy taxativo en lo que planteo. Es mi enfoque, cuya tesis que trato de defender o plantear, es que cualquier conflicto bélico, aunque no deseado, una vez que éste se desencadena, no se puede moralizar. Este es el punto central de mi reflexión. No tomo partido ni por Rusia ni por Ukrania, en este caso, y sólo lo cito para ilustrar mi tesis, y por tanto, mi reflexión no es un análisis geopolítico ni intelectual de lo que sucede. Y no lo hago porque no soy experto en geopolítica y porque además me motiva intelectualmente analizar una guerra. Mi punto de vista y motivación reflexiva, reitero, es esta: las guerras, guerrillas, revoluciones, golpes militares, no se pueden moralizar si se quiere comprenderlas como hechos desencadenados por contextos políticos, económicos y culturales y/o como fatal devenir histórico. Corresponde al cientista político analizarla, lo que tampoco quiere decir que tengan toda la razón en sus análisis, porque a fin de cuentas son interpretaciones y porque también tienen sesgos ideológicos.


Mi reflexión es sobre el fenómeno de la guerra. Claramente me ha surgido hacer mi modesta reflexión a raíz del conflicto armado entre Rusia y Ukrania, pero no me referiré a ella. No soy experto en geopolítica.

La inquietud de hacer unas glosas se debe a las reacciones que he visto en twitter, en donde algunos toman partido por un bando u otro, haciendo del conflicto un reality digital.

Observo que se ha tomado partido, mayoritariamente por Ukrania por ser el país atacado y que frente a Rusia es muy inferior en cuanto a poderío militar, y algo muy de la sicología humana es tomar partido por el más débil cuando hay una disputa.

Observo, también, que se pronuncian respecto del conflicto en términos muy emocionales, y desde la eterna dicotomía: izquierdas contra derechas o comunismo contra el mundo libre o el bien contra el mal.

Las guerras siempre son cruentas. En todas las guerras mueren, también, civiles. No sería la primera vez. En la 2da Guerra Mundial, a los sirenazos de bombardeos, los habitantes concurrían a refugiarse en los túneles del Metro porque sabían que los bombardeos no son selectivos, y nunca lo han sido. En la guerra no hay protocolos al momento de atacar. Desatada la guerra, cada bando quiere ganarla a como dé lugar.

A los rusos, principalmente a Putin, se lo ha estigmatizado como el nuevo Hitler, como un genocida despiadado. Se han usado imágenes que logren un impacto emocional en las personas donde se muestra civiles arrasados por los bombardeos. De ahí que tiende a vérselo como genocida y de asesinas a las tropas rusas. Se arma un juicio de valor a través de una foto, que claramente son impactantes y que nadie desearía que eso suceda ni nos suceda. Toda muerte es devastadora.

El tratar de comprender lo que sucede puramente desde la emocionalidad y desde memes de guerra, creo que no es adecuado. La emocionalidad no puede ser un elemento de análisis, en ningún ámbito.

Justamente la crisis que vive Occidente como cultura, es porque se ha instalado la emocionalidad (exacerbada por las redes sociales) donde la cultura icónica y visceral sustituye a la palabra. El pensamiento, la reflexión, se arma con el lenguaje verbal, con la palabra, no con dibujos ni con fotos, ni con panfletos, en la cual se puede magnificar, viralizar y distorsionar la realidad o el contexto de algún evento.

¿Cómo han utilizado la imagen mediática el progresismo para crear una caricatura maléfica de los policías en el mundo?. Así, respaldan sin remordimientos rayar las murallas con el slogan: “Hasta que matar un Paco se haga costumbre”.

¿Acaso esto no es la cultura de la muerte?

Si observamos el relato que ha instalado el “Progresismo”, es justamente un relato a partir del impacto imperativo y emocional del panfleto adornado de canciones, fotografías, batucadas, el arcoíris, el pañuelito verde y otros dispositivos de tramoya, con el que movilizan masas e instalan las post-verdades.

Mi tesis es que las guerras no son enfrentamientos hollywoodenses tipo Rambo entre los buenos contra los malos. Analizar o comprender las guerras desde una posición moral, implicaría que un bando tiene toda la legitimidad de matar al otro por ser depositarios del bien, mientras que  el otro bando no. Esto es, lisa y llanamente inapropiado para comprender un conflicto bélico.

El argumento doctrinario que la izquierda utiliza entre sus militantes, es que  "todo método de lucha es legítimo", precisamente porque sienten el imperativo moral de quienes se auto arrogan un espíritu redentor de la humanidad. De aquí esta intolerancia que manifiestan contra las convocatorias de republicanos a defender valores esenciales de nuestra cultura, e irrumpen sin remordimientos y de forma violenta para romper estas marchas, porque ellos creen que los republicanos representan el mal de la humanidad.

Cuando los ingleses vinieron a defender las Islas Falkland, con todo su poderío naval con el que arrasaron a unas débiles e inexpertas FFAA argentinas, ¿representaban, los ingleses, el mal de la humanidad? ¿Margaret Tacher era una genocida?.

Quien cree que los ingleses son unos genocidas, que no vayan nunca a Inglaterra ni se relacionen con ingleses. Que jugadores argentinos no militen jamás en el Manchester United, ni que alumnos vayan a Cambridge o a  Oxford a hacer el doctorado en una terra de genocidas.

Pero lo que está haciendo Occidente, respecto de la guerra entre Ukrania y Rusia, con la manipulación de los medios de comunicación y el uso de las redes sociales, es plantear el conflicto desde una mirada moral porque le es conveniente crear una atmósfera en el mundo Occidental como que se está enfrentando a unas fuerzas del mal a la que hay que exterminar.

Mi tesis de no moralizar las guerras, es precisamente por lo que ha hecho la izquierda con la intervención militar del 11/73: plantearla desde una moralidad. La UP representaría el bien, y las FFAA asociadas a la derecha, representarían el mal. 

Y es este enfoque, desde la moral, que la izquierda es negacionista respecto de su responsabilidad en los tres años de la Unidad Popular, y no está dispuesta a debatir las causas de la intervención militar, porque dada una cuestión moral, como la plantean, no hay nada que discutir. Este enfoque, desde la moralidad, lo han respaldado desde el arte y la cultura donde la victimización adquiere un carácter heroico y sacro.

Lo tragedia del 11/73 es tragedia en cuanto nuestra vida republicana, nuestra unidad nacional se fracturó con la llegada de la UP al poder político, y esa descomposición sin duda produjo una crisis moral; y esta crisis moral se expresó en la crisis social, económica y política.

Si se quieren comprender lo que está sucediendo entre Rusia y Ukrania, los memes y la emocionalidad tienen que quedar fuera, y no reducir el conflicto a una enfrentamiento entre David y Goliat, entre el bueno y el malo. Nadie desea guerras. Pero estas seguirán sucediendo y hay que tratar de entender qué es lo que desata estos conflictos para tratar, en lo posible, evitarlos a futuro.

Y al plantear que no se debe demonizar a Putin desde el meme, desde la emocionalidad, desde un juicio moral, desde la dicotomía entre el malo contra el bueno, no estoy justificando nada ni estoy promoviendo las guerras al decir que estas seguirán sucediendo. No estoy apoyando a Putin, como tampoco lo condeno.

Para quienes no entienden mi argumento,  planteo lo siguiente: a nadie le gusta ni desea que su pareja lo o la engañe. Pues bien, las infidelidades de pareja han sucedido y seguirán sucediendo (muy a pesar de muchas y muchos), y al constatar este hecho no estoy promoviendo ni justificando las infidelidades; pero tampoco las condeno porque es un asunto complejo y que son asuntos muy personales de cada pareja y ellos verán cómo los resuelven. Pero obviamente nadie desea infidelidades en una relación de pareja, como la humanidad tampoco desea guerras, pero suceden.

No nos sirvamos de condenar a Putin para sentir que estamos libres de pecados. Los pecados se limpian con cambios de actitud personal y no apuntando a otro lo que no queremos ser, y no podemos usar a Putin como chivo expiatorio para sentirnos personas de bien, por defecto.

Por estas razones que esgrimo, es que no me subí al carro del contagio epidérmico de las redes sociales, respecto del conflicto Ukrania- Rusia, porque he tenido presente el hecho de que las izquierdas en Latinoamérica cada vez que fueron arrasadas por las FFAA, se han refugiado en una cuestión de índole moral y esa presunción de ser dueños de la moral es la que artificialmente los mantiene de pie, sabiendo que la historia no los respalda; y siguen enarbolando sus banderas porque siguen pensando que ellos representan el bien y que son poseedores vitalicios del bien de la humanidad; y de ahí su soberbia, radicalismo y fanatismo ideológico y el deseo de exterminar, literalmente, a sus adversarios ideológicos.

Lo único que pude hacer, fue escribir tres poemas sobre la guerra como tragedia humana. Nada más.


Nota.- El autor de este articulo (yo) fue militante clandestino de las Juventudes Comunistas bajo el régimen militar. Desde 2017 es un converso.

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