ARTE, LITERATURA Y PROPAGANDA POLÍTICA

 

Terry Eagleton, profesor de literatura e intelectual británico, en su libro Introducción a la Literatura, plantea en su introducción la pregunta clave: ¿Qué es literatura?. Del mismo modo podemos ampliar la pregunta y preguntarnos: ¿Qué es el arte?.

Sin duda todos los intentos de responder esta pregunta son amagos, intentos vanos, pero útiles. Al tratar de contestarla se puede aproximar una respuesta o tratar de distinguir lo que constituye arte de lo que no es. También los intentos de contestar la pregunta, sobre todo en el caso de la literatura, ha servido para levantar teorías de interpretación literaria, que sirven como modelos para la valoración de un texto u obra artística, que es lo que expone Eagleton en dicho libro.

Claramente no será pertinente poder dar una definición de lo que es arte o literatura como quien define lo que es una mesa. Hacerlo sería encorsetarlo y tener una regla de decisión taxativa sobre lo que constituye arte.

La historia del arte y de la literatura (incluyo a la poesía), muestra cómo ciertos periodos de estas expresiones artísticas sufren un quiebre por la aparición de nuevos modos que se salen del canon y sin embargo se las recepcionan como tales, se les reconoce su carácter artístico con toda propiedad.

Eagleton llega a la conclusión de que una obra, en el caso de la literatura, se la considera como tal por un mero consenso de una comunidad de lectores. No encuentra otra solución, y tal vez, es la más pertinente.

Hay quienes dicen que todo el que escribe un poema, es un poema. Sólo que existen poemas buenos y poemas muy malos. Oscar Wilde decía que todo mal poema es sincero. Enríque Lihn, poeta chileno, en el poema: Si se ha de escribir correctamente poesía, en uno de sus versos dice: “el corazón es pobre de vocabulario”.

Lo que sí queda más o menos claro, que todo arte y literatura busca o tiene como constante o como meta, crear obras y textos bellos; hay una razón estética detrás, siempre o casi siempre. Claro que esto nos acarrea otro problema: ¿qué es bello y qué no lo es?. Todas nuestras amadas son bellas.

En mi caso, como poeta, asevero que todos los que elaboramos poemas, tenemos presente una razón estética, que es la que puede sostener el texto en el tiempo; y que esta estética no la podemos definir, pero la manejamos intuitivamente y/o que la vamos desarrollando con el oficio.

Ahora bien, en el arte y literatura, se tratan los grandes temas o preocupaciones del ser humano: la vida, la muerte, la soledad, el amor, el desamor, el abandono, la libertad, la tristeza, el dolor, la esperanza, la guerra, la paz, etcétera.

También, en el caso de la poesía, existen la poesía romántica, la poesía de crítica social, la poesía sobre la poesía, la poesía de corte lárico, la poesía urbana, la poesía política o comprometida, la poesía metafísica, la religiosa, etcétera.

Lo que observo es que toda obra de arte excelsa, o texto literario o poema extraordinario, adquiere una sacralidad de forma automática por el impacto de su sublime belleza, a pesar de que no podemos definir lo que es arte de forma taxativa ni podemos definir lo que es belleza. Pero una comunidad las recepciona o entiende y la considera una obra de arte, y que como tal, hay que preservarla contemplarla y respetarla. Las obras extraordinarias crean un halo que las protege. En el caso de las pinturas, éstas se custodian en los museos. La música y la literatura tienen un soporte más prosaico y pueden existir copias y todas tienen la misma originalidad de los manuscritos. En este sentido, las pinturas son más sacras. Hay que mantener una respetuosa y delicada distancia con la obra. He estado en museos en Inglaterra, frente a pinturas de famosos pintores.

El tema delicado, es el arte comprometido. Jean Paul Sartre es quien propuso una visión politizada de la literatura y del arte en general. Esta idea sartreana la toma el marxismo que considera que el arte y la literatura deben estar al servicio de la revolución proletaria como arma de lucha política.

Cuando el arte y la literatura se pone al servicio de una ideología, pierde su carácter consensual. Ya las obras no pueden ser compartidas y recepcionadas por aquellos que ese arte fustiga, condena, persigue y les hace cuestionamientos morales a su existencia. El arte al servicio de una ideología pasa a ser un arte arrodillado, acomodaticio y hasta inauténtico. Es peligroso porque se transforma en un medio de catequización política, más que un fin en sí mismo. Lo que lo hace peligroso, al estar bien construido, es que manipula emociones, sensibilidades, generando un efecto placebo, puesto que toda obra de arte y literaria apela a impactar los sentidos de quienes las recepcionan; y desde esa aceptación, se considera a la obra como una “verdad revelada”.

A lo que debe apelar un artista, un escritor, un poeta, es a universalizar o pluralizar su arte o literatura. El arte y la literatura debe unificar, no fragmentar a una comunidad de lectores. El arte y la literatura como elemento de identidad y unidad idiosincrásica y cultural debe ser un arte y literatura para todos. No niego que pueda haber un arte y literatura contestatarios, provocador, disruptivo, contra oficial, si cumple el requisito que lo hace sublime y superlativo por la calidad de su factura y ejecución. En mi caso particular, cuando era marxista, no pude negar el extraordinario trabajo del poeta cubano Heberto Padilla de su libro: Fuera del Juego, con el que ganó el premio de poesía Julián Casal, y que a la postre le costara la cárcel y finalmente el exilio.

Este trabajo poético, aunque remecía los cimientos de mis convicciones ideológicas, tenía un carácter de universalidad, aunque su génesis obedecía a una fuerte crítica y cuestionamiento de la Revolución Cubana. Y no pude negar su calidad, su certeza, agudeza, valentía, su espíritu crítico desde la poesía y su estética. La crítica de Padilla no se quedó en la mera Revolución, a pesar de sus marcas textuales evidentes. Su texto está construido de tal manera que se cuidó de no caer en el panfleto pasajero. Se preocupó de que esa crítica trascienda en el tiempo y no quede sujeta a la Revolución cubana; calza en cualquier régimen totalitario de cualquier signo, y de ahí su valor universal, pero sustentado en una calidad estética incólume.

Dicho todo lo anterior, una obra de arte u obra literaria no deja de ser escrutable desde cierta mirada moral, y además no porque sea o se la presente como obra de arte ésta adquiera, por defecto, una inmunidad irrestricta.

Claramente, el mundo Occidental ha consensuado, casi de manera espontánea, no aceptar obras de arte o literarias u obras de teatro donde se haga una apología del nazismo o de Hitler. Y no sólo eso, sino se ha consensuado la proscripción de partidos nazi-fascitas y toda alusión cultual hacia estas ideologías.

¿Por qué ?

Porque hay detrás un cuestionamiento moral, por muy bien ejecutada y excelsa que pueda ser una obra artística que enaltezca y haga apología del nazismo. Lisa y llanamente se prohibirá su exposición y difusión por una cuestión moral.

Entonces, tomando este ejemplo, una obra de arte o una propaganda política que se presente o se vista de arte, puede ser escrutable, no como crítica de arte, sino que se pide o exige su abolición porque trasgrede aspectos morales esenciales, como en el caso del nazismo, y es el caso del mural de propaganda política Lgbt promovida por la Alcaldía de Santiago y la exposición en el Museo Interactivo, MIM, ejecutado por la agrupación Kontrabando, donde claramente se trasgreden valores morales esenciales que hay que cautelar.

Artistas, mayoritariamente de izquierda, siempre han manipulado y establecido como dogma, que una obra de arte, por serlo, tiene que ser aceptada sin cuestionamiento porque al definirse como arte ésta adquiere una sacralidad e inmunidad permanente. No es así.

Lo que pretenden los artistas de izquierda es que cualquier obra de arte o literaria se las tome como revelación de verdades inmutables y que estas no sean cuestionadas, ni menos rechazadas, censuradas y/o destruidas, porque persisten en que ese objeto artístico tiene una sacralidad casi divina. Si es cuestionada, censurada o destruida por su carácter inmoral, entonces levantan el manido argumento de la ignorancia, del conservadurismo y del fascismo.

Que alguna vez los intelectuales, críticos y curadores de izquierda, muestren o denuncien las censuras, prohibiciones y destrucciones de lo que fue el arte disidente en la ex URSS, detrás del Muro de Berlín y en todos los países satélites del comunismo. Que denuncien las actuales censuras y persecuciones a todo artista disidente y sus obras, en esta legendaria y estrafalaria Revolución Cubana.


                      

 

Comentarios

  1. Gracias ,por intentar reculturizarnos ,a quedado tan lejano ,que parece ,que nada bello ha existido..me parece leer los apuntes de mi profe de historia del arte ,gracias por hacerme rcordar lo aprendido ,pero no olvidado.atte 🤗

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    1. Gracias por tu comentario, tan alentador y confirmador de lo que han sido mis preocupaciones y mi dedicación de toda una vida al mundo de las ideas. Comentarios así confirman que no ha sido en vano el tiempo y dinero gastado en libros.

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    2. Me hago ecos de los comentarios anteriores ,me interpretan muy bien , soy una agradecida de sus conocimientos ,que tan generosamente comparte..los disfruto y agradezco ,que aún hayan artistas cultos,en un pais que se han ido extinguiendo ,por no ser de las ideas ' moderna refundacional ' en todo ámbito ,Gracias maestro.!

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    3. Hola. Gracias. No me considero maestro. Sólo una persona que tempranamente en la enseñanza media, gracias a mi inquietud personal y el lustroso Barros Arana del pasado ilustre forjó en mí que militara en el mundo de las ideas. Persisto en eso. Me apasiona, me entretiene, me llena, me mueve, me articula, me distrae, me sumerge....

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