CÓMO SURGE UN POEMA y/o CÓMO SE PURGA UN DOLOR

 

Hace unos días, como lo suelo hacer con frecuencia con seguidores de twitter, compartí la canción de Rod Stewart: I Don´t Want Talk  About It. La melodía de la canción es delicadamente bella, con un tempo muy suave, que cautiva; y con la voz rasposa de Rod Stewart, que le da la necesaria fuerza a la interpretación del tema. Pero, como suele suceder en muchos casos, no prestamos  atención a la letra de la canción, porque la melodía se superpone a ésta. Tampoco presté atención al título de la canción. Suele suceder, y con bastante frecuencia, que muchas canciones presentan una extraordinaria melodía, pero la letra es bastante insípida.

Pues bien, una seguidora expresó que era una  bella canción, pero triste. Yo no había reparado en ello, porque a pesar de que tengo un inglés avanzado, generalmente no presto atención a las letras en inglés. Voy por la melodía.

Presté atención, solamente al título, y me acordé, de inmediato, de la ausencia de mi esposa fallecida hace un año y dos meses. En el proceso de viudez, en mi caso, bloqueo los recuerdos o trato de bloquearlos porque se me produce un desbalance emocional entre el recuerdo vívido y su ausencia, su no estar ya más en el mundo y en los espacios donde transcurría nuestra hermosa vida cotidiana.

Entonces, el título de la canción gatilló la idea de no querer hablar acerca de su muerte, de su ausencia; y tuiteé de inmediato lo siguiente:

No quiero hablar de la silla y el plato vacíos/del sitio en donde estuvo tu cuerpo recostado a mi lado/No quiero hablar del último beso en tu mejilla enferma/mientras el aire se te iba/y tus párpados ya no parpadeaban esta vida/No quiero hablar/No quiero hablar

 

Me percaté que podía tener un poema en mis manos. Tomé el texto y me fui a Word, y comencé a trabajarlo y mutarlo en un poema.

 La primera versión fue:

 No quiero hablar
de la silla y el plato vacíos.
 
No quiero hablar
de este sitio donde
estuvo tu cuerpo recostado
 
No quiero hablar
del último beso en tu mejilla enferma.
                   
No quiero hablar
de tus párpados que ya
no parpadeaban esta vida
 
No quiero hablar.
No quiero hablar.
 

Cuando uno, o al menos yo, dispone el poema en la hoja, a éste se lo mira y se lo lee en silencio. Al hacer este proceso, uno va detectando carencias de ritmo y/o de incompletitud de la idea. Sin duda el poema estaba flojo, falto de ritmo y de desarrollo. No me convencía para nada. Pero sabía que era cuestión de seguir puliéndolo, ajustando su forma; y el dolor de su muerte y ausencia, precisarlas mejor.

 El poema se modificó a:

 No quiero hablar
de la silla y el plato vacíos
                           
No quiero hablar
en donde estuvo tu cuerpo
                      recostado
mientras el aire se te iba
como acordeón perforado
 
No quiero hablar
del beso en tu mejilla enferma
ni de tus párpados que ya no
parpadeaban esta vida.
 
No quiero hablar.
No quiero hablar.

 

Lo volví a revisar. No me convencía. Noté cacofonías y falta de desarrollo de la idea.  Noté mucho prosaísmo en algunos versos, y en general. Así es que realizadas las podas necesarias y resolver la ritmicidad, me percaté que las estrofas tenían que tener una rima entre el segundo y cuarto verso. Por otra parte, “cuerpo recostado” me parecía muy prosaico. No había connotación para sugerir la idea de agonía y muerte. Entonces, cambié “recostado” por “reposado”. El ‘reposo’ transmite la idea de agonía y muerte. También la imagen del verso: “mientras el aire se te iba/como acordeón perforado”, me pareció muy fuerte, poco delicada para expresar la agonía. Le restaba lirismo al poema. Me resultó fuerte. Procedí a eliminarla. El verso: “el beso en tu mejilla enferma”, me pareció muy obvio y algo cursi. Entonces, eliminé la obviedad al sustituir: “mejillas” por “manos”.

Entonces la cuasi versión final quedó así:

 

No quiero hablar

No quiero hablar
de la silla y el plato vacíos
y de este aire solo
                    y mío.

                           
No quiero hablar
donde estuvo tu cuerpo
                reposado.
 
No quiero hablar
de tus manos enfermas
ni de estas velas
                        y su esperma.
 
No quiero hablar
de tus párpados que ya
no parpadeaban esta vida
ni de tu ausencia que es
                        mi herida.
 
No quiero hablar.
No quiero hablar.
 

El poema parecía casi listo. Pero no. El oficio, el oído, me decían que tenía que dejar el lenguaje más suspendido, algo así como notas musicales que extienden su tempo de manera leve. En el verso: “donde estuvo tu cuerpo reposado”, me incomodaba. Me percaté de su carácter coloquial que no encajaba con el tono lírico que el poema ya estaba exigiendo en las otras estrofas y que tenía que seguir la estructura de las otras estrofas de hacer rimar el segundo verso con el último, que prácticamente era una sola palabra para cerrar musicalmente las estrofas, lo que marcaba un ritmo que atravesaba todo el poema. Entonces, claramente debía eliminar “estuvo” y agregar otro verso. Bueno, con el oficio, se me vino de inmediato esa imagen fuerte y fría del cuerpo que deja su calor humano para ir endureciéndose y helándose y en lugar de hacer alusión directamente al cuerpo, puntualicé el lugar; y para dar la idea de muerte, introduje el adverbio: ‘ya’, antes de ‘reposado’.  En el verso: “en el beso en tus manos enfermas”, también me resultaba prosaico y cacofónico. Le faltaba connotación. Reflejé su hermosura y en la hermosura la vida, en sus manos. Pero en lugar de introducir la preposición ‘pero’, que nuevamente resulta prosaico, introduje la ‘coma’ , en sustitución de la preposición. La ‘coma’ da la necesaria pausa para crear la tensión entre la vida expresada en la hermosura y la tragedia de una vida que fenece, connotada en sus manos. Su ocaso lo connoté en sus manos. Además que las ‘manos’, en el poema, están llenas de connotaciones. En este caso, sus ‘manos’ representan todo su cuerpo. Y en el 4to verso de la última estrofa hice el último ajuste, sustituyendo el ‘ni’ por ‘no’, dándole el tempo y lirismo que el poema exigía para rematar.  Claramente usé como estructura lingüística y tonal el verso: “No quiero hablar”, que marca el tono o pie musical del poema, junto con la significación de la persistencia terrible del dolor, digamos más literariamente, del hablante lírico del poema, expresado en la repetición dos veces de este verso, que servía de pie a cada estrofa y cierra el poema para dar énfasis y musicalidad final.

 

El resultado final y que me dejó conforme, y que me sirve de purga, donde se conjugaron todos los elementos y recursos poéticos, donde ajusté la idea y el dolor, es el siguiente:

 

No quiero hablar


No quiero hablar
de la silla y el plato vacíos
y de este aire solo
                        y mío.
                           
No quiero hablar
de este sitio helado
donde tu cuerpo
           ya reposado.
 
No quiero hablar
de tus manos hermosas, enfermas
ni de estas velas
              y su esperma.


No quiero hablar
de tus párpados que ya
no parpadeaban esta vida
no de tu ausencia que es
                         mi herida.
 
No quiero hablar.
No quiero hablar.


Verena agonizaba al lado mío, la noche del lunes 27 de julio del 2021. Poco antes de las 12 a.m. o la hora 0, me desperté, por obra y gracia de Dios, y me percaté que se le iba el aire poco a poco, que ya no era respiración. Se le estaban vaciando sus pulmones. Me despedí de ella, le di un beso en la mejilla, le agradecí todo lo que me dio en vida, el sentido de familia y de hogar, y le dije que nos íbamos a encontrar en el cielo. Desperté y llamé a nuestros hijos para que se despidieran de su amorosa madre. Se apagaron sus signos vitales a las 12:07 del martes 27, a 10 días de haber cumplido 38 años de matrimonio, y a 17 días de estar por cumplir sus 63 años.



Comentarios

  1. Hermoso y emotivo..refleja todo el amor q sientes aun por tu esposa...y como vive aun en tu corazon..no puedo mas q felicitarte,por tu sensibilidad y talento...maravilloso..

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