NACÍ EN EL NORTE GRANDE
Yo
nací en el norte grande, donde grande también es la sequedad casi como la de
las tierras de Comala. Crecí a las faldas de unos cerros donde sigue empotrada
mi pequeña ciudad. Por las tardes, para entretenernos con mis amigos, le
dábamos de peñascazos a las lagartijas o a las ampolletas del alumbrado
público, mientras el mar daba contra los roqueríos y las madres nos daban un
chiflido para ir a tomar onces a las 4 p.m. en punto. Una taza de té puro con
un pan batido tostado con mantequilla, y vuelta a la calle a mataperrear. Así
es que no hay muchos sustantivos, por estos lados, como: montaña, vertiente, lago,
laguna, arroyo, río, guijarro/bosque, humedal/ aserradero, locomóvil, madera, embarcación/acequia,
noria, tilos, zarzamora/ manzana, sidrería,
chicha, parronales, uva, vendimia, greda, tinaja, bodegón, vino, pipeño/estepa,
trigal, espiga, trilladora, azadón, horquilla, heno, palomar, molino, harina, horno,
pan/temporal, puelche, lluvia, llovizna/gallinazo, ganso, conejo, chivo/morral,
jilguero, zorzal, torcaza/azalea, aromo, sauce, álamo, ciruelo/vaca, oveja,
cordero, chivo/carbón, brasero, leña, chimenea, estufa/buey, arado, hortalizas,
alerce, mimbre/nubarrones, niebla, puente, rieles, tren, jefe-estación/pesebrera,
caballo, relincho, bofes, montura, poncho, chupalla, estribo, espuelas, carreta/hojas,
musgo, pasto, pastizales/castaño, y sus castañas. Difícil, por no decir
imposible, hacer un poema que pueda encantar a un lector o ganarse un concurso
literario con: piedras, rocas, lagartijas, polvareda, huiros, guascaches, muelles
oxidados y camiones cargados con concentrado de cobre crackeando el asfalto de
las pocas calles pavimentadas que tenemos. Lo más poético son los camiones
aljibes regando los pimientos con rutinaria disciplina municipal, y viejos letreros
descascarados de tiendas y paqueterías. Acá, el tierral es nuestro elemento.
Pero esta es mi patria y no la cambiaría ni por todo el oro del mundo, ni por
los cardos a orillas de los caminos, ni por los trenes que cruzan los puentes y
los villorrios, ni por el paisaje de vacas pastando cerca de los caseríos del
sur. En los fiordos de mi memoria diviso una plazoleta con un par de curaditos
echando la mona y un barco que se va cargado de salitre, dejando a las putas y
a nosotros, solos nuevamente. Los faluchos de los pescadores flotando en el mar
y todas las casas, pronto se irán a negro. Sólo hay una luz de
almacén o de cantina o de prostibulario que le da un poco de brillo a este
relato y que la espesa camanchaca no puede apagar.

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