CÒMO ESCRIBO MIS POEMAS

A varias personas les puede despertar a curiosidad saber cómo surge un poema. En lo particular, siempre me han inquietado los procesos creativos en diversos ámbitos. Me apasiona hablar sobre mi oficio porque no es otra cosa que hablar sobre el proceso creativo poético, que creo tiene un manto de misterio. En general, nunca podremos tener un esquema o una fórmula de cómo son los procesos creativos, sólo aproximaciones. Si una comparación me surge, creo que los procesos creativos tienen el mismo misterio de la transfiguración de la oruga en mariposa.

Como lo he explicado en mi artículo La Poesía y Yo, en este mismo blog, no existe la inspiración poética. Si los lectores se imaginan que para escribir mis poemas necesito de ciertos estados emocionales o de levitación, que necesito un “algo” que me inspire y me ponga en un estado fisiológico o mental predispuesto para que comiencen a manar poemas, les debo decir que están totalmente errados. El hecho factual de escribir un poema es de lo más pedestre. No encierra ningún halo de nada, ni cambia mi estado emocional.

El oficio de poeta es tan similar a la de cualquier artesano o hasta de oficios como el del zapatero o el panadero. La materia prima, en nuestro caso, son las palabras. Es un trabajo consciente y deliberado. Cuando me surge una idea para hacer un poema, me siento en el computador y comienzo a elaborarlo. El poema se va armando poco a poco. Uno visualiza imágenes (algo esencial en la formalidad del poema) y va escribiendo, digamos mejor: narrando. El poema es un discurso, pero un discurso estético. El hilo conductor es, precisamente, asumir o entender que es un discurso, y como todo discurso, èste tiene una direccionalidad y una intencionalidad comunicativa y expresiva. Pero sin una idea, no hay posibilidad de lograr un buen poema. La confusión que aún subyace en las personas que no conocen a ciencia cierta el oficio, siguen creyendo que los poetas operamos desde la emocionalidad, desde una “especial sensibilidad”, y que esta “especial sensibilidad” es el motor de nuestra creación. Nada de esto es cierto. La confusión viene del hecho que el impacto de un poema, y en general de cualquier objeto artístico, es sobre las emociones y la sensibilidad del receptor. A todos nos sobrecoge una obra excelsa, un poema notable que remece nuestras fibras más sensibles. Pero, los prejuicios sobre el proceso creativo de un poema es confundir el efecto con la causa.

Cierto, un poema puede surgir de una emoción, de una experiencia sensible, sobre todo poemas de amor, de desamor y de la muerte, pero esa emoción tiene que ser una emoción elaborada, única manera de tener control sobre el proceso creativo. En otros términos, la hechura de un poema no pasa por estar en estados de catarsis o exaltación emocional.

Así entonces, el proceso creativo de la poesía es un proceso controlado y dirigido y que le da unidad al resultado.

En mi caso, y aventuro en decir que casi todos los poetas de este tiempo, los poemas surgen de una relación dialéctica (acción y reacción) con otros textos (poemas, cuentos, entrevistas, artículos de diarios, ensayos, avisos publicitarios, etc.), como con ideas que pueden surgir de una conversación o las ideas propias que son motivaciones, inquietudes o preocupaciones mías (de cada poeta).

Ahora bien, al ir adentrándose y desarrollando el oficio (que es un asunto de tenacidad, persistencia y años), uno va creando en su cerebro una biblioteca de palabras, imágenes, ideas que están siempre en un estado de latencia, algo así como un arsenal de herramientas discursivas a las cuales por intuición, por oficio, por conciencia explícita, se recurre a ellas u operan al momento de comenzar a armar un poema. Jamás se tienen todos los versos del poema en el cerebro, pero acabado el poema uno lo presenta y se lee continuamente como si así hubiese sido escrito, con la soltura con la que al final este es presentado. Sin duda alguna el oficio va dando versatilidad y los poemas surgen con más soltura y rapidez, casi salen (cuando uno tiene clara la idea que quiere trabajar) de un sopetón. Después uno hace ajustes para terminar de calafatear el poema y dejarlos sin asperezas. El poema tiene que ser un discurso fluido y rítmico, si perder de vista el carácter estético y de armar un poema que se sostenga en el tiempo. La existencia y estructura del poema no puede estar sujeto a condiciones exógenas, aunque el poema esté haciendo alusión a la realidad, éste tiene que defenderse solo ante el lector.

Muchos poemas me han surgido de estar leyendo una entrevista a un poeta, a un escritor, a un intelectual o hasta un entrevistado de cualquier índole (no necesariamente del mundo intelectual o artístico), cuya expresiones o la forma de decir algo me resultan poéticas o que hay una idea que la puedo mutar en un discurso poético. En otros términos, lo dicho por el entrevistado o por el ensayista que está discurriendo en un contexto prosaico, sin darse cuenta dice algo de forma estética, pero como no está deliberadamente haciendo un poema, y además lo que dice o expresa es una parte mínima de una gran idea, yo (o el poeta) capturo o veo una veta o resquicio en donde ese breve discurso lo puedo llevar al campo de la poesía, de modo que el resultado -el poema- se independiza totalmente de su origen germinal y adquiere autonomía propia. Así tomo las frases, casi textuales (en varios casos textuales), agrego versos “poéticos”, incorporo imágenes o una idea propia y llevo el texto al terreno de la poesía. Sin duda hay muchos poemas que me surgen de una idea que quiero desarrollar sin que medie una interacción explícita con otro discurso escrito o hablado.

También me surgen poemas, casi como una explosión, de tan sólo leer una palabra en un verso, cuando estoy leyendo poesía. El uso de un adjetivo o sustantivo, en un verso de otro poeta, hace que me percate de la densidad, la polifuncionalidad, su sonoridad y particularidad; y estimula mi imaginación, y me lleva a una idea, y teniendo la idea o imagen-idea, el poema ya está larvado y es cosa de sentarse a escribir.

Sin duda, la relación dialéctica (intertextual que menciono más arriba), es más amplia. Es una relación con todo el medio de uno; son como círculos concéntricos en torno a uno. La dimensión histórica, la política, la propia biografía son parte nutricia para que surjan ideas para desarrollar un poema.

Lo que el oficio exige, en particular, es estar siempre leyendo poesía, estar atento a las nuevas tendencias, a los nuevos poetas, a las innovaciones, lo que en el mundo académico se llama estar en el “estado del arte”. Siempre estamos comprando libros y revisando páginas de poesía. He invertido 10 millones de pesos en libros, a lo largo de mi vida. No es un hobby, pero de serlo, es caro en dinero y en tiempo. Literalmente hay que quemarse las pestañas para llegar a ser poeta, pero claro, también uno tiene que tener algo de facilidad o proclividad genuina de querer fabricar textos estéticos.

Bueno, es un campo abierto el proceso creativo de la poesía, y hay muchas cosas más de las que podría hablar, sobre los motivos acerca de los que se escribe, de estilos, de la figura del hablante lírico, del ritmo, de las diversas corrientes, de las estructuras poéticas, de las influencias, de la intertextualidad, etc. Pero esto puede ser para otra ocasión.

Finiquito señalando, entonces, que no levito, ni tengo una sensibilidad superior, ni soy un ser “más especial” por escribir poemas. Estoy en el ruedo desde los 19 años, que fue cuando  descubrí la poesía y la descubrí en mí, y como todo oficio, se va desarrollando y madurando. Cuando tengo clara una idea que es susceptible de poetizar, no necesito escribir el poema de inmediato si es que estoy haciendo otra cosa o ando transitando por la ciudad o simplemente porque decidí hacerlo o escribirlo en otro momento. Teniendo claridad de lo que se quiere hacer, el poema se arma y se resuelve al momento de comenzar a escribirlo. Yo sé que todo se resuelve ahí, al momento de comenzar a escribirlo. Un verso te lleva a otro. No necesito nada especial en mi entorno, ni música, ni olores, ni nada especial. Me siento frente al computado y escribo.

Claro, para los poemas de amor…….se necesita una musa…de todas maneras...  ;)




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