ALÓ, CARLOS PEÑA

Domingo, día del Padre. Enciendo la televisión para ver Fórmula 1. Todavía no es el horario de transmisión. Constato es a las 2 p.m.. Sintonizo el USOPEN de golf.  Abro el computador. Estoy solo. Mis hijos lejos, muy lejos, en otras comarcas. 

Abro twitter para ver novedades, reacciones a mis poemas a favor del Rechazo. Me encuentro con la columna de Carlos Peña, Aló, Señor Presidente, como trending topic. La leo atentamente. Constato que mayoritariamente los del Rechazo y/o los antiBoric o antigobierno, con fruición hacen comentarios a favor del artículo y haciendo los respectivos Rt y I Like.

En una lectura rápida y predispuestamente emocional, se puede empatizar con la columna. No fue mi caso. En el segundo párrafo de su columna hay algo “que molesta”, usando esta muletilla muy usada por Carlos Peña en muchas de sus columnas, para iniciar sus discrepancias y/o las pedagógicas influencias catequizadoras que siempre quiere ejercer desde su atalaya de intelectual. Es recurrente en él, afirmar que a quien debate, “está en un error”. También usa esta muletilla en algunos de sus artículos de su libro (que recomiendo) Perfil de Ideas, para tratar de establecer inexorablemente su punto de vista al lector indefenso.

La molestia me viene de esa definición y rol implícito que le atribuye a la labor periodística. Discrepo totalmente de la definición que proporciona.

Carlos Peña, creo no se percató, que puso a los periodistas como verdaderos inquisidores, más que entrevistadores. No se puede dejar de asociar el rol que les asigna Carlos Peña a los periodistas, con el torturador blando. Es sabido que en los métodos de tortura, al interrogado (para extraerle información), una vez torturado, llega a la celda de reclusión el “torturador blando”, aquel que lo secunda y apoya emocionalmente para que éste empatice y comience a soltar la información.

El mecanismo de las torturas es exactamente el mismo que describe Carlos Peña: ganarse la confianza del interrogado (entrevistado) para que suelte la información y después traicionarla y pasársela a los servicios de inteligencia (a CIPER) para que vayan en la captura de los otros integrantes de la organización subversiva (para asesinar mediática y políticamente a sus enemigos políticos e ideológicos).

Carlos Peña propone, de manera supinamente ingenua, un periodismo casto y puro, que hoy casi no existe. Toda línea editorial tiene un propósito moral e ideológico. No existe la objetividad en el periodismo de hoy (y tal vez nunca). Cada periódico trata de construir realidad.

¿Alguien le puede exigir objetividad al Le Monde Diplomatic, al Diario El País, El Siglo, The Clinic, a la Deutsche Welle, al New York Time, a CNN, a la BBC, a La Tercera, a El Mostrador?.

Todos sabemos que cuando se quiere blanquear o ensalzar a una figura del mundo Progre, el New York Time lanza sus campañas de las “personas más influyentes del mundo”, para catequizar mediante el expediente de la “autoridad” o la “fama” (una suerte de falacia ad hominen en reversa), una supuesta verdad inexorable: “esto es verdad porque lo dice alguien del mundo Progre que es famosa”, ya sea un artista, un rock star, un actor de cine de Hollywood, una figura famosa de un país latinoamericano, un escritor, un intelectual, un economista de prestigio mundial, etc.

Como he manifestado, no coincido con la definición de periodista que delsiza Carlos Peña, pero coincido con él que el periodismo Progre ha tomado este camino de persecutores e inquisidores de sus adversarios políticos, culturales e ideológicos, y por el otro lado, ejercen la función de ayudistas mediáticos a todas la narrativas y consignas del globalismo “Progresista”.

Los periodistas Progres han dejado de ser periodistas desde hace mucho tiempo. Han perdido toda objetividad y se han ideologizado de manera espuria y grotesca al servicio de una agenda ideológica global. No hay nada reprochable de que lo hagan. Las sociedades están fraccionadas en distintos grupos y movimientos sociales con claras intenciones ideológicas. Lo que molesta de los periodistas Progres, es que lo hagan de manera veladamente hipócrita.

Un periodista, cuando en sus preguntas emite juicios morales e ideológicos implícitos está actuando como un activista político, no como periodista, y se escuda en que está haciendo una entrevista para no ser contra argumentado, ardid muy usado por el periodista ayudista, y así aparentar un cierto profesionalismo que no es tal. Son verdaderos interrogadores, inquisidores y opinantes, donde le ponen una camisa de fuerza al interrogado para que éste no les retroque sus opiniones tácitas: “perdone pero acá las preguntas las hago yo”. Esta es la actitud y rol del torturador.

Hoy, es ingenuo pedirle objetividad al periodismo. Creo que nunca ha existido esa objetividad. Los periódicos, y por extensión todo medio de comunicación, más allá de edulcorar el tabloide con Horóscopos, consultorio sentimental, obituarios, avisos económicos, noticias deportivas y de la página roja, tienen una clara intencionalidad de ser “influencer” de papel y tinta.

Que el segundo piso de La Moneda y los asesores comunicacionales y de prensa de este gobierno hayan decidido hacer un canal de propaganda política y como parte de la línea comunicacional del gobierno, para tratar de construir un relato político, está dentro de las reglas del juego. No hay nada reprochable en hacerlo. Lo hacen todos los gobiernos de todo el mundo.

Carlos Peña afirma en su columna que cuando se monta una entrevista donde hay vínculos entre el entrevistado y la entrevistadora, en este caso, se pierde un “examen genuino”.

¿Y acaso no hay vínculos editoriales entre el periodista contratado y pagado por el dueño del periódico?. Carlos Peña, ¿supone una imparcialidad cuando un periodista de una marcada línea editorial e ideológica es enviado a entrevistar ya sea a un entrevistado del mismo sector político o al que es contrario?. ¿Acaso los periodistas contratados por Soro y Rockefeller, no van pauteados y no tienen vínculos, más allá del contractual, ideológicos con ellos?. ¿Acaso hay auténtico examen de genuinidad en las entrevistas de Mónica Rincón, de Mirna Schindler, Paulina de Allende, Rafael Cavada, Mauricio Jürgensen, Carolina Urrejola, Monserrat Álvarez, a pesar de las distancias entre entrevistado y entrevistador, como exige Carlos Peña?.

Así como Carlos Peña define lo que según él debe ser la función de un periodista, para mí un periodista debe tender a la objetividad, sacarse todo ropaje ideológico, debe ser prudente y prolijo y considerado con su entrevistado y hacer de la entrevista una conversación agradable, sin escamotear tocar temas delicados, importantes y que están en el centro de la razón por la que se quiso entrevistar a esa persona; pero no jugar el rol del inquisidor.

Un periodista tiene derecho, como ciudadano, a tener una posición y opinión política en una sociedad democrática. Pero en este caso que mute en columnista para emitir sus opiniones y hacerse responsable de ellas y enfrentar el escrutinio público, como es el caso de Daniel Matamala, Fernando Villegas y otros, que no siendo periodistas, ejercen el periodismo de opinión como el mismo Carlos Peña.

Cito, para el caso, las empáticas y agradables entrevistas que hace Cristián Warken en las entrevistas de ICARE, donde son entrevistados personajes de todo el espectro político e ideológico, en una conversación muy agradable para todos: entrevistado, entrevistador y telepensantes, sin quitarle el bulto a las preguntas que todos queremos hacerle al entrevistado a través del entrevistador como mediador.

Lo patético de la entrevista presidencial, fue la forma en que hicieron el montaje, lo impostada, la pésima puesta en escena de aparentar una espontaneidad que no era tal, el haber usado a la vocera de gobierno en lugar de haber convocado a un periodista externo o a uno de la misma oficina de comunicaciones del gobierno.

Que la entrevista haya sido dirigida, pauteada, no es novedad. Todo periodista lo hace. En los matinales de televisión, llega a ser irrisorio de cómo el director del programa usa a los panelistas y periodistas soplándoles a las orejas, donde él es el ventrílocuo y los rostros son los muñecos ayudistas.

 

Vuelta 48, Sainz primer lugar. Verstappen segundo lugar. Scheffler y Fitzpatrick liderando el USOPEN. Desde mi ventana, veo la ventura, nubes y vientos, soles y mares, dice la canción de Hernaldo. Yo veo el cerro Manquehue y el rostro de mi esposa Verena atravesando mi memoria.

El domingo por la tarde, transcurre lento como lava del volcán del tedio….

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