LA SOLEDAD DEL HOMBRE NUEVO
La historia no tiene libreto. Esta se va tejiendo entre todos y entre nadie. Sin duda las condiciones socio-económicas condicionan el curso de la historia, pero no la pueden determinar taxativamente, ex-antes: nadie puede escribir la historia propiamente tal. La historia es de todos y es de nadie. Por eso los seres humanos no nos preocupamos de “ser historia” y de “hacer la historia”. Simplemente vivimos, porque mientras somos presente, no podemos ser historia. A veces, ni siquiera las historias personales las podemos redactar. ¿Cuántas cosas de nuestro pasado íntimo quisiéramos borrar, pero no podemos?. Ahí está ese futuro que es pasado y acuñado en nuestras biografías. Como sólo, y solos, podemos mirar el pasado ya escrito, ya vivido, no hay presente que podamos constatar. El futuro es una promesa que nunca llega pero nos impulsa hacia adelante. La esperanza es futuro y el futuro es esperanza. No podemos aspirar a nada más. El pasado es el futuro en retrospectiva.
El dilema del marxismo es
ese: empeñarse en tratar de redactar la historia. El futuro de un proyectil
lanzado en las cercanías de la tierra, es predecible con las leyes de Newton.
El futuro de la historia no tiene predicción: es la suma no concertada de las
historias personales. La historia en cierto modo es una aventura, y en esa
aventura está el deseo y la pasión de vivir. La historia también se hace con
los anhelos invisibles. Si cada uno se preocupa de escribir su historia
personal, estará escribiendo la historia de todos.
El marxismo científico,
que predijo el fin de la historia cuando sean abolidas las clases sociales,
estaba condenado al fracaso desde sus inicios. El hombre nuevo nunca llegó,
nunca llegará. El hombre nuevo es un simulacro, un fantasma que siempre
recorrerá el mundo tirándonos de los pies, pero inoficioso en su intento.
El ser humano es diverso
y disperso. El mundo necesita solidaridad, no diversidad.
La pretensión del marxismo es crear un arquetipo de ser humano casto, puro y único, despojado de toda ambición personal, de toda individuación. El espíritu del colectivo por sobre el del individuo, es propio de las sectas.
Toda secta tiene su pequeño o Gran Hermano orwelliano. El marxismo o comunismo (que vienen a ser lo mismo), pretende una diversidad controlada y vigilada. El que se sale de la predicción histórica hay que corregirlo como se corrige una nave espacial que se desvía de su ruta o sino es condenado a la ergástula.
APOSTILLA DE LA HISTORIA
He aquí el hombre nuevo
(que ahora es un hombre viejo)
apostado a orilla de los caminos
mientras su ojo está condenado a ver
cómo pasa la historia
(y sus procesos sociales)
y él sin poder hacer nada
y él sin poder hacer nada.
Me gustó mucho tu visión descarnada de una realidad inexorable, vertiginosa que nadie puede controlar!
ResponderEliminarAbracito gigante 🤗
Gracias por tu comentario. Las opiniones de los lectores nos ayudan a reforzar y estimular nuestra tarea reflexiva y creativa. Sin lectores somos molinos sin aspas. :)
EliminarMuy buen contenido!!
ResponderEliminarGracias por tu opinión. Invito a leer los otros artículos.
EliminarMuy certero. Ojalá todos tuvieran esa claridad en q el individuo es eso , uno, diferente a todos.
ResponderEliminarGracias por compartir.
:)
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