LOS PREJUCIOS del LECTOR NONATO de POESÍA

 He publicado hace unos días, en twitter, un poema que describe, literalmente, una follada. El poema se titula: Homenaje al Idioma Español con Fornicio.

Este poema lo había comenzado a escribir como hace 12 años. Había olvidado que tenía el borrador de este poema no acabado, mientras estaba revisando mis trabajos poéticos. Con el ludismo característico que tenemos los que nos dedicamos a este oficio, tomé el poema, que sólo tenía como 7 versos, y me di a la tarea de terminarlo. Es un poema que describe un coito, bizarro si se quiere, cuyo desafío era armar un texto con todas las letras del abecedario y en el orden del abecedario. Estos son los desafíos y la parte lúdica que tiene el oficio poético y que me seduce: origramear las palabras.

A los que nos dedicamos a este oficio nos atrae el lenguaje, no otra cosa. Es el lenguaje lo mandatorio. Nos atrae singularizar y buscar la originalidad a través del lenguaje y en la construcción de un poema como objeto estético que puede sostenerse en el tiempo; y sostenerse en el tiempo no es otra cosa que ser aceptado por una comunidad de lectores.

No estuvo exento de dificultad terminar el poema y que me convenciera. Las letras i, k, q, x, z y w, fueron las que me ofrecieron mayor desafío. Pensé que no iba a ser posible introducir estas letras, por su característica fonética y la escases de palabras que comiencen con estas letras. Busqué en el diccionario para encontrar palabras que encajaran de manera natural en el poema. Al final lo logré, pero sentía que rítmicamente no cerraba bien; quedaba átono. Así es que lo finiquité con un verso repetido dos veces, apartado del cuerpo del poema: ¡te folleo!/¡te folleo!.

Explico estos detalles para que el lector pueda imaginar y comprender cómo se trabaja un poema, cómo son los procesos creativos, cuál es la disposición del poeta; que es una actitud intelectual y creativa, y no emocional frente al texto. Como dije, el objetivo es conseguir un texto que se sostenga en el tiempo.

Pues, bien, una seguidora de twitter, con quien tenía una buena relación como seguidores, me percaté para mí desalentadora sorpresa, que me había bloqueado por haberle compartido, dentro de un grupo de otros seguidores, este poema, que como señalé, es un poema fuerte y algo bizarro.

La literatura y poesía está colmada de textos de este corte.

El famoso poeta americano Charles Bukowsky, se le conoce como el poeta del realismo sucio. Su literatura y poesía es la documentación de su biografía, de la vida de un desadaptado social, de una vida vulnerable. Bukowsky era alcohólico y hubo un tiempo que fue homeless. La poesía fue su tabla de salvación. En particular,  no empatizo con su poesía y su propuesta estética. Tengo mis fundamentadas dudas de su calidad y fama. Pero sí tiene poemas notables con las cuales le perdono todo lo demás. Nicanor Parra tiene dos poemas bastante procaces, como son El Poeta y La Muerte y Bajé de la Mina un Día. Henry Miller tiene dos novelas, que son fundamentales en su producción literaria: Trópico de Cáncer y Trópico de Capricornio, donde Miller hace literatura experiencias sexuales reales realizadas con la complicidad de la escritora Anïs Nin. Estas experiencias sexuales eran muy trasgresoras para la época. Miller sufrió censuras y repudio de la sociedad americana por el carácter provocador y crudo de sus novelas, en las cuales ponía en entredicho la moral de su época y resaltaba la hipocresía de la sociedad americana de su  tiempo. Allen Ginsberg, poeta americano y el representante más emblemático junto a Jack Kerouac y William Burroughs, de la generación beat,  escribe un poema donde describe de la manera más cruda un coito con su profesor. El poema se titula: Por Favor Maestro. Ginsberg, era homosexual.

Ahora bien, no porque existan estos poemas o novelas de corte sexual, teratológicos, cuasi pornográficos en algunos casos, significa que un lector deba aceptarlo, empatizar con su propuesta estética. En general yo tampoco empatizo, a excepción de que lo relevante y salve al poema sea su forma poética que sublima toda bizarría que pueda haber en su contenido. Pero el hecho concreto es de que existe este tipo de poemas.

El bloqueo que padecí, injustamente, creo que obedece a que la lectora confundió al sujeto creador, yo, con el hablante lírico, que es una figura literaria y es la voz interior del poema. Cuando se lee un poema (y cualquier expresión artística en general) hay que separar al autor del objeto artístico en sí.

En el pasado remoto, hubo una corriente literaria, hoy más que caduca, que para interpretar una obra o un poema buscaba elementos en el autor, explorando su biografía y tratando de adivinar qué pasaba por su mente o estado de ánimo, para poder interpretar el poema. Era un enfoque genético y absurdo sobre la interpretación y recepción del poema para llegar a su valoración.

Todas las escuelas de interpretación literarias posteriores, como la Escuela Crítica, la Hermenéutica, el Estructuralismo, el Deconstructivismo, etc., se percataron que para una correcta valoración, había que prescindir del autor y analizar el objeto artístico como una unidad separada del creador. Toda obra artística, una vez creada, adquiere una independencia total del autor, y todo juicio sobre el poema, ya sea en su forma como contenido, recae sobre el universo que hay dentro del poema u obra, y no en la personalidad, conducta o moral del creador. Más aún, un poema es un objeto artístico, con su materialidad y no es una conducta o acción social del autor. Son las acciones propiamente humanas las que pueden estar sometidas a juicio moral. Un poema no es una acción del autor, lo que no quita que el poema, no el autor, pueda ser cuestionado desde una tradición moral. Pero son dos cosas separadas.

Presumo, que la seguidora, endosó lo que sucedía dentro del poema, lo que el hablante lírico expresaba o actuaba dentro del poema, con mi propia moral o conducta personal. Presumo que me percibió a mí, autor, como una persona sucia, imprudente,  bizarra, “disgusting”, confundiéndome con el hablante lírico. Esto es como condenar de asesino a un actor que le toca representar el rol de asesino en una obra de teatro.

Para finalizar, veamos los poemas Versos del Capitán, de Pablo Neruda. Estos poemas son poemas de amor, de una factura sencilla, pero notables y de una calidad estética sin parangón. El hablante lírico del poema se nos presenta como un ser delicado, sensible, auténtico y que dignifica el sentimiento amoroso a través del lenguaje o expresando su enamoramiento y encantamiento ante la amada, de la manera más excelsa y delicada.

¿Podemos inferir a través de la postura del hablante lírico de estos poemas de que Neruda es un ser excelso, que es capaz de amar de una manera superlativa, mágica y sublime a sus amadas y que el resto de los mortales estamos lejos de alcanzar ese tipo de “espiritualidad” y delicadeza para amar?.

La respuesta es un contundente: No!!

Si la señorita que me bloqueó por mi poema bizarro, infirió una conducta deplorable o armó una caricatura deleznable sobre mi persona a partir de un poema mío, entonces, ¿por qué no me redime y lee un poema mío en donde expreso amor de una manera estéticamente delicada e infiere desde mi poema las mejores cualidades humanas mías?

No. Ni en un caso ni en otro, puede inferir algo sobre mi moral, valores, principios, ni para bien ni para mal, a partir de mis poemas. Mis poemas son ya entidades separadas de mí. Hablan por sí solos, como objeto de creación y como propuestas experimentales y estéticas, y nada se puede inferir sobre mi ética personal.

 

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