YO & LA PINTURA
Comencé a dibujar a mis 54 años. En una tarde de ocio, a nuestro regreso de 9 años de estadía en Arizona, USA. Tomé una hoja, un lápiz grafito común y silvestre y dibujé una casa esquina incendiada del barrio Brasil. El resultado fue aceptable. Con imperfecciones, pero aceptable. Entonces decidí hacer un segundo dibujo, pero ya con la intención de lograr un resultado bueno. Elegí la casona de Gatico, distante a unos 50 kms, al sur de Tocopilla, ciudad donde nací y me crié.
Esta casona es muy
peculiar. Está pegada al lado de la carretera y totalmente abandonada. Es,
literalmente, una casa fantasma. Para los tocopillanos, por su cercanía a
nuestra ciudad, la consideramos como nuestra; la hemos integrado a nuestro
inconsciente colectivo. Esta es un farol, porque cuando se regresa de Antofagasta,
sobre todo de noche, llegar a esta casona es como ya estar en Tocopilla. Esta
casona, que se resiste a morir, data de 1914, y era la casa de huéspedes de una
mina de hierro. Gatico, era un campamento minero, y data que ahí nació el
escritor Alejandro Jodorowsky, cuya familia se traslada a Tocopilla, siendo
este un bebé, lo que lo hace adoptar a Tocopilla como su ciudad de origen, y es inscrito en el registro civil de Tocopilla, porque Gatico era un campamento minero sin jurisdicción estatal.
Logrado este dibujo,
emprendí la tarea de continuar dibujando, pero ya con intencionalidad de
concretar un trabajo con un sentido lírico, si se pudiera decir. Inspirado en
el pintor Thomas Daskam, fui eligiendo los temas, para lograr la unidad
temática, algo muy importante en cualquier conjunto de obras artísticas o poéticas.
Si un artista o poeta, sólo se limita a crear obras sin una unidad, es una mera
yuxtaposición, una colección de obras abigarradas, sin sentido.
A medida que fui dibujando,
adquirí confianza, entusiasmo, y seguí con la serie. Llevo como 18 láminas. No
siempre es continuo el trabajo que uno se propone. Se interpone la cotidianidad.
Pasé a otras etapas y tengo ese trabajo suspendido desde hace 8 años, y
pareciera que fue ayer que los dibujé.
Suspendido este trabajo,
pasé a experimentar con carboncillo, haciendo una serie de ejercicios temáticos,
sin una unidad temática, sino como fase de experimentación. También logré
buenos resultados, lo que me estimulaba seguir e ir adquiriendo más confianza. Esta
etapa aún no está quemada, también está suspendida, pues después pasé al
pastel.
En pastel he desarrollado
hartas pinturas y he ido adquiriendo más ductilidad y confianza. Con el pastel,
me siento cómodo.
No obstante, cada vez que
voy a iniciar un nuevo trabajo, es todo un desafío. No sé si voy a lograr bien
el resultado. No está exento de angustias, temores, el comenzar una nueva obra.
Soy un pintor no ortodoxo, porque no tengo escuela. Uso mis propios métodos,
mis trucos y no tengo un orden académico para ir perfilando la obra. Me manejo
desde el instinto. Cuando me siento frente al atril, ya se inicia la cuenta
regresiva. Hacer el boceto de lo que quiero ejecutar no me cuesta mucho. Pero
comenzar a manchar ya es algo que requiere más aplomo. Como dije, al comienzo
no sé si voy a lograr la obra. Hay siempre un pizca de temor. Cada obra
presenta sus propios desafíos. Cuando voy pintando, voy sacando fotos de la
evolución del trabajo. Esto es algo que me gusta: ir viendo el proceso creativo
en sus distintas etapas hasta el trabajo final. Cuando suspendo el trabajo,
porque ya agoté las horas frente al atril, mientras merodeo por el
departamento, vuelvo a mirar la obra y
apreciarla y ya la voy haciendo mía en la mirada. Hay un punto, en este proceso,
en la cual esa lucha entre la obra y yo se disipa y ya tengo dominio y control
sobre ésta. Ahí ya me siento más relajado.
Comparo el trabajo
creativo de un artista, como lo que le sucede a un escalador de alta montaña.
Cuando comienza el ascenso, no se sabe si van a alcanzar la cima. Pero a medida
que se superan los escollos, se va teniendo más dominio sobre la montaña, hasta
un punto en que ya siente que tiene dominada la ruta y que va a lograr alcanzar
a clavar la banderilla.
Todavía tengo mucho que
aprender y desarrollarme. En eso estoy. Para evolucionar y sentir que el oficio
ya está adquirido, se requiere disciplina, perseverancia y auténticas ganas de
querer lo que se hace. Sin trabajo frecuente, no hay posibilidad de lograr plasmarse
como artista, sin sentir que uno quiere ser èso.
Mis dibujos presentan imperfecciones, errores, pero que los trato de esconder, pero a su vez, no ex-profeso, me gusta que aparezcan aunque me esmero en no cometer imprecisiones, porque me parece que esas imperfecciones revelan que estuvo frente al atril un ser humano. No me gusta ese dibujo perfecto porque me resulta frío, impersonal, donde el dibujante o pintor busca plotear su obra y está más preocupado de exhibir la perfección de la técnica que en crear una obra con sentido lírico.
Trabajo por las tardes de
4 p.m. a 6 o 7 p.m., escuchando tangos, generalmente, o las bandas playing for
change.
Me encantó el dibujo Boris, y creo que refleja la historia de mucha vida y luego abandono que lo acompaña. Linto el monocromo con un pequeño toque de rojo.
ResponderEliminarHola Beatriz!. Gracias por comentar, gracias por lo que dices.
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